2 dioses se enamoraron del mismo mortal, cada uno de ellos lo quería para él solo y de ahí que se desato una guerra en donde solo importaba el sexo

por | 29 noviembre, 2018

Iba tarde al instituto, me había quedado dormida, el teléfono estaba a puntito de reventar, seguro eran los chicos preguntando por que no había ido a recogerlos. Me puse un calcetín y luego… ¿Y después? — ¡MAMÁ!—grité. — ¿SÍ RAMIRA?—le escuché responderme desde la cocina. — ¡TE DIJE QUE DEJES DE LLAMARME ASÍ!— —AY HIJA, ¿PERO QUE PODEMOS HACER?, SI TU TE LLAMAS ASÍ— —PUES LLAMAMÉ POR MI PRIMER NOMBRE MAMÁ, ¡ELODIE!, QUE PARA ESO ME LO PUSISTE—le chillé molesta. —PERO RAMIRA ME GUSTA—respondió, volteé los ojos. —COMO TU QUIERAS MAMÁ, PERO POR FAVOR DIME DONDE ESTA MI OTRO CALCETÍN—le pregunté con fastidio. — ¿NO ESTÁ EN TU GAVETERO?— —NO MAMÁ— —PUES ENTONCES NO SE DONDE ESTÁ HIJA, YO LOS DEJÉ ALLI CUANDO LAVÉ— ¡Puta madre!, justo el día de hoy lunes debían salirle alas al calcetín. Iba exageradamente retrasada y ya estaba empezando a detestar la infantil canción que tenía como tono de llamada, era exageradamente dulce y feliz. Los chicos seguro que deseaban matarme. Puse boca abajo la habitación mas no hallé el calcetín, con lo que debí vestirme sin uno de ellos, examiné mi bolso mas verdaderamente ni me importó, ya iba demasiado tarde para comprobar si llevaba todo. — ¿Hija no desayunarás?— —No mamá, voy tarde, como por allá—le afirmé bebiéndome un vaso de leche como a una cerveza los borrachos. —Está bien hija, me le das saludos a los muchachos, recuerda que no vuelvo sino más bien hasta la noche, el día de hoy debo hacer más papeleo para un caso en la oficina, te dejo comida en el microondas— —Está bien ma’—le respondí. Le di un beso en la mejilla y salí disparada a encender la camioneta, mas vi algo piloso sobre el techo de esta, me amedrenté no sabía que era eso, hasta el momento en que cuando escuchó mis pasos volteó a verme. — ¡MARGARITA!, ¡ME ASUSTASTE IDIOTA!—le chillé a mi gata con reproche. De pronto vi algo amarillo entre sus patas, creí que era un pájaro, o bien algún animal de esos que vivía cazando, mas en verdad, esa cosa me pareció familiar. — ¿A ver que tienes entre las patitas preciosa?—le afirmé con precaución y también hipocresía. Se las levanté con suavidad, procurando no incordiarla mucho, inmediatamente me gruño y también procuró rasguñarme, mas fui más veloz y retiré el objeto amarillo de entre sus garras. — ¡Con lo que eras la que tenías mi calcetín gata endiablada!—le regañé—mejor vete a cuidar la casa o bien lo que sea ¡Mas haz algo productivo!, ¡Gánate tus atunes gata absurda!, ¡Que no son de sin coste!— Como era una gata tan inteligente supo que la estaba riñiendo, con lo que procuró arañarme nuevamente, me atemoricé y salí disparada en la camioneta y empecé a conducir. ¿Exactamente en qué instante dejó de ser aquella gata tierna y se volvió acólita de satán? Me sentí como una pésima madre, en dos minutos estuve en frente de la casa de Jyrki, que era la que más cerca me quedaba. — ¡DIABLOS!, ¡Creí que jamás llegarías por mí!—Exclamó exagerado tras subirse, mostrándome el cristal de su reloj—Tendré que ponerte solo 3 estrellas en la aplicación por el mal servicio— — ¡Ay sí!, tal y como si me pagases el transporte pendejo—le respondí con fastidio—Mejor cállate si no deseas que te deje por acá botado—le afirmé mientras que conducía. — ¡Uy sí!, ¡Claro!—me afirmó en burla— ¿Y de qué forma pretendes bajarme de la camioneta si eres una pequeña toda inocente y debilucha?— En el momento en que me afirmó eso detuve la camioneta de cuajo, volteé cara la una parte de atrás donde venía sentado y le dediqué una sonrisa maliciosa. — ¿Preguntaste qué de qué forma?, Jajajajaja… ¡Puesto que de este modo!— Bajé poco a poco los vidrios automatizados de mi ventana, ante su curiosa mirada y aguardé que pasase una buena cantidad de gente por la calle, saqué la cabeza, cerré mis ojos en concentración, aclaré mi garganta y… — ¡AHHHHHH!, ¡AYUDA!, ME TIENEN SECUESTRADA, AHHHHHH, ¡AUXILIO! QUIEREN ABUSAR DE MÍ—empecé a chillar a todo cuanto daban mis pulmones. — ¿QUE ESTÁS HACIENDO LOCA?—preguntó exaltado, con los ojos hechos dos huevos. La gente pronto y ante mis aullidos empezó a detenerse y a acercarse para poder ver de qué se trataban el

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