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Mi experiencia gay

Me llamo Javi, tengo veintitres años y os voy a exponer mi primera experiencia carnal con un hombre. La confirmación es que desde hace años he pensado si era hetero, homo o bisex, jamás lo he tenido claro para ser confiado.

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Aunque continuamente he tenido relaciones con mujeres, incluso me han atraído mucho los hombres, de allí mi confusión mental. Por este motivo desde hacía unos meses andaba viciado en las redes y webs de temática gay, aparte veía con aplicación películas porno de hombres musculosos, guapos, depilados…
Conforme veía una peli de tios acababa metiéndome un índice o dos por mi culo y me hacía una soberana paja. Pensaba que efecto tendría si me metiera una moza tan grande tal las que salían en las películas. Tal era mi empeño y morbosidad, que empecé a chatear con un chico en una de estas webs gays. Se llamaba Mario y era de mi ciudad, tenía veintidos años, era guapo, cuerpo de bandera y excesivo extravertido. Cogimos tanta confianza que durante dos semanas no paramos de chatear y hacer genitales por la web cam, nos encantaba enseñarnos los cuerpos y masturbarnos hasta corrernos uno delante de ajeno. Después de llegar a ese extremo no quedaba otra que pasar a la correlativo fase, que no era otra cosa que vernos en mujer y follar. Mario me invitó a quedar en su casa el fin de semana, vivía sólo por el centro de la ciudad y concretamos el vernos a las 21.00 el continuador sábado. Yo a modo nunca había estado con un hombre, hice los deberes y me preparé adecuadamente para la ocasión. Me duché, me acicalé, me puse una pera tal toca en estos casos y compré preservativos por si acaso. Llegué escrupuloso a su casa y toqué al timbre del portal, actualmente arriba en el descansillo estaba nervioso pero al mismo ciclo agitado a modo un doncel en su primera vez. Llamé a la abertura y Mario me dijo:

¡Buenas Javi, pasa estás en tu casa! ¡Hola Mario, gracias!

Nada más cerrar la portón, Mario se abalanzó sobre mí y me besó exento más, yo por supuesto me acento llevar y lo besé profundamente, nuestras lenguas jugaron unos segundos…
¡Perdona Javi pero tengo muchas ganas! ¡¡Pues no perdamos el edad entonces!!

Entre besos y arrumacos me llevó a su habitación, por el pasillo nos íbamos desnudando tanto podíamos y seguíamos besándonos con arrumacos. Una vez en su cuarto me tiró en su catre de matrimonio y se desnudó por completo frente a mi, dejando su abundante pene al descubierto, yo hice lo mismo.

¡Javi mira que dura la tengo, quiero que me la chupes!

Yo no dudé en absoluto y se la mamé con determinación, despacito pero firmemente para satisfacer a mi amante.

¡Qué ganas tengo de follarte Javi!

No me daba espera iba bastante salido y de verlo me ponía mucho incluso a mi. Le seguí la corriente y me puse a cuatro patas tal me ordenó, comenzó a chuparme el ojal y me lubricó el agujero del culo con un líquido que gastan los gays a principio de todo.

Me introdujo su falo escaso a exiguo para que no me doliera, yo notaba escozor pero al mismo ciclo me estaba gustando. Mario me decía que era frecuente que a principio doliera o escociera pero que luego te acostumbras y es algo acostumbrado. Me embestía despacito hasta que en un momento dado me la metió inclusive el fondo del todo, notaba sus abultamiento en mi culo y me tenía agarrado por las caderas para que no pudiera escaparme, me volvía loco su polla y yo que mordisqueaba la cabezal gemía de placer.

Los dos estábamos disfrutando mucho, se notaba por los gritos que dábamos…
Después de bastantes minutos, Mario me dijo que estaba cansado y que quería que lo cabalgara un rato, yo atónito me puse de cuclillas sobre él y me metí su muchacha gorda y grande demasiado lentamente inclusive que conseguí introducirla del todo, fue entonces en el tiempo que empecé a moverme sutilmente encima de él y nuestros cuerpos se fundieron en uno…
Después de varios minutos, Mario me dijo:

¡Javi me estoy volviendo loco, tengo ganas de correrme!

Experiencia filial

En realidad no se como titular este relato de un hecho que me sucedió realmente y ha marcado mi vida de forma expreso. Lo único que sé, es que deseo vivamente contarlo, amparada en el anonimato que me ofrece la red. No podría hacerlo de otra forma.

 

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Desde invariablemente en mi casa se gozó de una gran libertad, a través de la que estaba poder disfrutar del desnudo escaso limitación alguna. Para mí era pellizco demasiado habitual de perpetuamente, actualmente que desde pequeña había visto a mis padres y hermanos plenamente desnudos, tanto la ente más natural del mundo.

Para mi, un glande o cualquier otra parte del cuerpo del hombre o de la mujer tenía pocos secretos en cuanto a su forma externa, pero si uno, a modo pude comprobar más tarde. Tenía 13 años, en el momento que comencé a experimentar una extraña corazonada, que me hacía sentir poco incómoda. No sabría decir qué, pero era desconcertante. Notaba que cuando pasaba desnuda delante de mi padre, las cosas no eran tanto siempre. Me sentía observada y eso me producía una exclusivo corazonada que no sabría definir.

Empece a conmemorar uno consejos que mi madre me daba desde hacía cierto meses a cerca de cómo eran los hombres y sobre mi condición y lo que tendría que administrar en varios años más. En seguida descarte algunas consideraciones, actualmente que no tenia experiencia ni edad para agrupar determinadas cosas.

Yo continuaba sentándome con mi padre en varios lugares a modo en el turca a la hora de ver la televisión, en los coches, en las hamacas de la estanque, etc., para jugar, sentirme a gusto y demostrarle mi cariño. Yo lo necesitaba, lo había hecho continuamente y no tenía por qué cambiarlo.

Desde hacia algunas semanas las caricias de mi padre pasaban de la cabeza al pecho, a las caderas, a los muslos y al cabo de unos minutos observaba erección en su verga. Los primeros días no le daba importancia, entre otras cosas porque no sabia lo que significaba, pero el glande ahora no era tan frecuente, como a mí me gustaba y a modo estaba acostumbrada a verlo, y alcanzaba unas proporciones enormes. Entonces, asimismo de los sobeteos por mi cuerpo, se frotaba el glande contra mi cuerpo.

Observaba que papa pasaba muchas horas en casa y perpetuamente me lo encontraba en todo momento.

En mi casa nadie cerraba la entrada del cuarto de baño, y era habitual vernos en las labores de aseo más intimas, escaso ningún recato. Pero desde ese edad, continuamente que pasaba por el cuarto de inmersión o por el aposento de mis padres, encontraba a mi padre con el verga elevado y tocándoselo.

La mucho inocente de mí, le preguntó un data, escaso el menor recato. Él me contestó que los padres hacían el apego en el tiempo que se excitaban y él si lo estaba y no tenía cerca a teta o a una mujer, se masturbaba, y paso a enseñarme tal lo hacían los hombres. Debía estar bastante excitado, porque no tardo ni un minuto en salir en gran surtidor de algo blanco que, entonces, a mí me sorprendió mucho. Jamás lo había visto primitivamente.

Cuando termino, me fui falto decirle nadie, pero demasiado ruborizada e incómoda por mi inocencia. Me hubiera gustado decir que sabía lo que era y a modo lo hacían los hombres, etc, para no errar de mojigata, pero para mí realmente fue una estupefacción.

Fue algo que no me agradó a la vista, pero las imágenes del chorro de leche no se me fueron de la cabeza mientras complejo días. No conseguía entender si me gustaba o no, pero no me encontraba a gusto.

Seguía encontrándome a mí padre desnudo, como siempre, pero cada vez más y a solas y en impaciencia.

Yo intentaba dar una gran creencia de orden, demostrar que era adulta y que lo entendía todo, pero no dejaba de sorprenderme y ruborizarme, cada vez que veía a mi padre menear el descomunal glande que solitaria en el momento que se le ponía firme y en el tiempo que manchaba todo de ese líquido blanco.

La situación se me hacía incómoda y ya no pude aguantar más y una tarde que le vi en su habitación haciéndolo, de por medio a preguntarle, el por qué de mi corazonada.

Me explicó que era pellizco común ya que mi turbación se debía a que hoy era una mujer, ” y demasiado hermosa”, dijo él, y empezaba a darme cuenta del colosal poder de agasajo de una mujer. Tal no acababa de entenderle, insistí. Entonces empezó a levantar un razonamiento que me ingenio muchas incógnitas y me ilusionó mucho.

Me dijo que a modo ya era una mujer y bastante hermosa, ya empezaba a despertar el deseo en los hombres; que aunque él era mi padre, no dejaba de ser un hombre y que hacía semanas que se fijaba en mí y le producía agitación. Yo me sentí mucho halagada y satisfecha, porque empezaba a entender algunas cosas que ubre me había advertido.

En lo referente a lo que me parecía fastidioso del capacidad del miembro, era porque no estaba acostumbrada a verlo así, pero que algún amanecer me gustaría y en cuanto al líquido blanco, era la manera de saber que se había alcanzado el placer máximo y era imprescindible. “Ahora que empiezas a ser mujer comprobaras el gusto de saber que todo esto lo provocas tú exento quererlo”, me dijo.

Le plantee que entonces actualmente no podría más ir desnuda por la casa, ya que no había nada más lejano a mi empeño que producirle, a él y a mis hermanos, alguno daño. Inmediatamente me pidió que jamás hiciese eso, ya que le privaría de uno de los mayores placeres que había encontrado en la vida; que mamá además iba desnuda, también le excitaba y eso era bueno, porque así hacían mejor el afición.

Ahí me volví a perder, y dudé en preguntarle por no parecer una desconocedor. No sabía si eso significaba que se excitaba conmigo y le hacia el amor a mama pensando en mi. Como ya estaba en faena, se lo pregunte. Me dijo que lo hacia pensando en la dos, lo que me equiparaba a la condición de mujer con mama. Que le gustaría hacerlo conmigo, pero como era un tabú social, en el que él no creía, no haría nada sin quererlo yo, y que por eso se masturbaba, aunque pensaba que era una hipocresía, pues se fijaba en mi cuando lo hacía.

No supe que decir. Solo que si era para mi padre, al que yo adoraba tanto, que jamás me haría daño, y como ” yo ya era una mujer”, podía seguir haciéndolo mientras me miraba.

Me dio las gracias y un beso en los labios, como acostumbraba desde que nací.

Parecerá ridículo, pero me sentía importante, útil y madura. Ya era como me habían dicho de pequeña que llegaría a ser.

No pasaba día en que mi padre se masturbara una o dos veces delante de mí.

Durante un tiempo no me importó, por las razones antes expuestas y por que mi padre era y es un hombre atractivo. No solo en el aspecto sexual, bien dotado, algo que solo comprendí a los 18 años, sino porque era un primor cuando me acariciaba y me sumía en su regazo. Siempre fue comprensivo y cariñoso.

Pero al cabo de unos meses, empecé a sentirme incómoda de nuevo. Empece a ir vestida más tiempo del que lo hacía antes y a evitarle, ya que algo se escapaba a mi comprensión.

Entonces mi padre me seguía, entraba en mi habitación sin llamar, cosa que nunca me importo, pero empezaba a incomodarme, a hacerse el encontradizo en el baño, en los pasillos, …… en todas partes.

Pense en cortar el asunto y evitar que me volviera a ver desnuda. Pensaba que evitando la provocación, evitaría la reacción.

Un día que estaba tumbada en el sofá viendo la televisión, oí que se acercaba y me hice la dormida. El se sentó a ver la televisión desnudo y puso un vídeo porno. Comenzó a jadear al ritmo de las voces de la película y supongo que a masturbarse. Yo estaba de espaldas y no lo podía ver. No sabía que hacer; si continuaba haciéndome la dormida y esperar a que terminase y se fuese, perecería ridículo, ya que sus jadeos eran demasiado sonoros, pero si me iba, tendría que verle y quería evitarlo para no darle motivo.

La lógica solo me dejaba una salida: despertarme y demostrar mi madurez aceptando como natural el verle como se masturbaba, una vez más.

Efectivamente, me desperecé y con cara somnolienta pregunte que pasaba mientras giraba la cabeza hacia mi padre.

Impulsada por la sorpresa pegue en bote que me sentó directamente en el sofá al comprobar el tamaño de su pene. Era muy grande, pero más que ancho, era largo, tremendo; nunca lo había visto así. Ruborizada por la sorpresa e intentando que él no se diera cuenta, no tuve otra reacción que la de irme para aclarar mis ideas a solas, pretextando que le dejaba solo para no molestarle.

Para irme del salón tenía que pasar necesariamente por el sofá en el que él estaba tumbado. Cuando pasé a su altura, me sujetó por el brazo y me dijo: “como ya no me dejas verte, tengo que excitarme con estas extrañas”. Me lo dijo de una forma tan suave y tierna que no supe que responder ni que hacer. Me quede callada unos instantes y, como no me soltaba, me senté a sus pies. Entonces me soltó, se sentó a mi lado y mirándome a los ojos mientras me acariciaba el pelo, me soltó un ” te quiero tanto…” que me desarmó.

Tratando de recuperarme y de mantener la compostura de mujer adulta, le contesté que por qué me decía eso. Me respondió que había notado desde hacía tiempo mi distanciamiento y que no quería hacerme ningún daño; que si no quería dejarme ver desnuda que estaba en mi derecho, pero que me echaba de menos.

Sinceramente, terminó de derrumbarme. Su cara era como la de un niño pidiendo compasión y algo de ternura. Me pareció tan sincero, que me sentí muy a gusto y acariciándole la nuca y dándole un beso le dije: “para ti, lo que quieras”.

Bajó el volumen del vídeo y me pidió que me desnudara. Así lo hice y me volví a sentar a su lado esperando sus indicaciones. Se levanto, se sentó a mi lado, me acarició los pechos, los muslos y me dio un beso como los de siempre. Mirándome a los ojos me pidió que le tocara el pene. Era la primera vez que lo hacía, me atraía la idea y estaba nerviosa e impaciente por experimentar esa sensación.

Lo hice tímidamente con una mano, pero apenas cubría una cuarta parte. “Que suave”, fue lo único que me salió por la boca cuando comprobé la suavidad de la piel de un pene. Entonces lo hice con las dos y empece a sobarlo como quien palpa un tejido de seda.

Mi padre me dijo: “Hazlo como has visto en el vídeo”. Inútilmente intenté imitarlo, pero ante mi temor a la torpeza, mi padre me tranquilizo con un “está muy bien”. Al cabo de un rato, me pidió que lo chupara. Me quedé mirándole esperando encontrar en sus ojos confirmación. Asintiendo con la cabeza y transmitiéndome tranquilidad con una sonrisa, me incito a hacerlo.

La sensación era tan suave como con la mano. Olía tan limpio como él acostumbraba a serlo. Yo me afanaba en hacerlo como una experta de los videos, pero me distraía jugando suavemente con el roce de la piel, hasta que mi padre de un empujón me la introdujo mucho más de lo que mi boca era capaz de asumir. Me provocó una náusea y aparté rápidamente mi boca de su pene, a la vez que tosía.

Me pidió disculpas, mientras me dirigía la cara hacia el pene de nuevo. Le rogué que no me lo pidiera de nuevo. Le ofrecí hacérselo con las manos, a lo que aceptó gustoso.

Debía ser muy torpe, porque a los pocos segundos me quitó las manos de su pene y me las puso en sus testículos, mientras es se masturbaba a una velocidad y fuerza de vértigo. Cerró los ojos, estiró su cuerpo hacia atrás y jadeando, miraba intermitentemente mis manos y las suyas.

A los pocos segundos saltó un chorro de semen que me manchó toda la cara y el pecho. No me atreví a moverme y esperé sus indicaciones mientras le miraba a su rostro. Sorprendida de su cara de dolor o de placer, entonces no lo sabía, tenía la duda de si se lo había hecho bien o no, de si habría disfrutado o no. Para mí esos segundos de incertidumbre fueron horas.

Comenzó a llorar, me dio un beso y las gracias, y se fue.

Entonces mi desconcierto fue total, pero de sus labios, al darme las gracias, salió el aliento más agradecido que he sentido en mi vida. Supuse que todo habría ido bien y que en otra ocasión me lo aclararía.

No sé por qué, pero esa noche me fui a la cama satisfecha y tranquila. No podía, ni quería quitarme esas imágenes de la cabeza. El pene de mi padre me había gustado y sin darme cuenta me encontré haciéndome con la mano en mi sexo lo mismo que las chicas de la película.

Esa noche tuve mi primer orgasmo y me gustó porque me corrí pensando solo en lo único que yo entonces entendía, en la suavidad del pene de mi padre. Sabia que los orgasmos en la mujer se alcanzaban introduciendo el pene en la vagina, eso lo sabían hasta los pequeños, pero esa noche desconocía que se conseguía por frotación continuada con el clítoris. Fue un orgasmo mental y verdaderamente bonito.

Desde que todo empezó hasta este primer orgasmo habían pasado seis meses, y yo de los 13 a los catorce años.

Después de esta experiencia y durante mucho tiempo masturbaba a mi padre muchos días. Aprendí a hacérselo con la boca y sin que me produjera molestas sensaciones. Aprendí a utilizar la lengua, las manos y los labios. No me apetecía mucho tragarme el semen, pero yo sabía la enorme satisfacción que le producía y lo hacía a gusto.

Mi padre había sido lo suficientemente listo como para excitarme previamente a las mamadas. Me había enseñado a masturbarme por rozamiento y me lo hacia siempre antes de empezar yo y terminábamos corriéndonos juntos.

Con los meses se hacia normal y cuando a mi no me apetecía, mi padre se masturbaba mirándome desnuda. Me gustaba que no me obligara a tocarle cuando no me encontraba bien.

Harta de ver penetraciones en las películas, le pregunté por qué no deseaba penetrarme a mí. Esa pregunta debió sacarle de sí porque alcanzó una erección de las grandes, como no recordaba desde el primer día.

Me confesó que era lo que más deseaba, pero que no lo hacía porque me lastimaría y por los riesgos de un embarazo.

Yo me reí sonoramente y haciéndome la entendida, le recordé los procedimientos de prevención.

Me pidió mucha atención a lo que me iba a decir. Yo estaba intrigada y ansiosa por su respuesta. Siempre había tenido miedo a una primera penetración, pero estaba esperando una respuesta positiva de mi padre, ya que el no podría hacerme ningún daño. Sola darme amor, placer y enseñarme; y si era como lo que conocía, me gustaría.

“Lo haremos, pero con preservativos, y jamás habrá de saberlo nadie”.

En mi sonrisa descubrió mi aprobación y deseo de hacerlo inmediatamente.

Me agarro de la mano y me llevo a su habitación. Mi estado era de verdadera excitación y curiosidad, pero de enorme tranquilidad, porque iba a experimentar lo que había oído a otras muchas mujeres narrar como una experiencia difícil, dolorosa y generalmente insatisfactoria, pero con una persona que tenía experiencia, que no me haría daño y nada que yo no quisiera. Sabía que era la mejor forma de conocerlo.

Sin llegar a tumbarnos en la cama, de pié, pasándome las dos manos por mi nuca dirigió sus labios hacia los míos y me dio el primer beso sexual que he conocido de mi padre o de cualquier otro hombre. Ahí noté el primer cambio. No me costo encontrar la diferencia entre los besos que acostumbraba a darme en los labios y aquel beso de deseo. Realmente estremecedor.

Todo se desarrollaba lentamente, parecía estar bajo los efectos de alguna droga o del alcohol, como pude comprobar años más tarde cuando probé las bebidas alcohólicas; todo era como una nebulosa en la que los acontecimientos se desarrollaban mientras volábamos.

Empezó a quitarme la ropa despacio, muy despacio y sin mediar palabra, me preguntaba con la mirada cada pocos segundos si todo iba bien.

Yo quería más besos. No sabía lo que tenía que hacer o, más exactamente, lo que él esperaba que yo hiciese. Me había propuesto dejarme llevar hasta donde él me llevase.

Cuando estuve totalmente desnuda, abrió la puerta del armario y apareció el gran espejo de la contrapuerta. Mi cuerpo se reflejaba totalmente en el mural y por encima de mi cabeza se apreciaba la de mi padre quien se limitaba a sobarme los pechos y a permitirnos contemplar mi cuerpo durante largo tiempo, hasta llegar a apreciarlo como antes nunca lo había hecho. No me parecía el mío. Por primera vez me gusto, descubrí unas formas femeninas excitantes y aprecié el sexo en un cuerpo de mujer. Era como si una tercera persona estuviese espiando escenas íntimas de otra pareja. Creo que era realmente provocadora para cualquier hombre. Tenía gran estatura para mi edad, formas proporcionadas y desarrolladas, una piel muy suave y la ternura e inocencia de la edad. Ahora comprendo lo que una chica así inspira a los hombres.

Después me giró hacia él y se terminó la sensación de tercera persona. Sin dejar de mirarnos a los ojos, me empujó de los hombros hacia abajo hasta arodillarme y me pidió que le sacara el pene del pantalón. Sin dudarlo y con una enorme ansiedad lo hice. Cuando le desabroché el pantalón, el pene le sobresalía de los calzoncillos y estaba ardiendo. Sin bajárselos, solamente tirando de el hacia mí, terminó de salir todo el pene y me lo introduje en la boca como yo ya sabia hacerlo. Le estuve succionando un rato largo pero que me pareció corto. Él empujaba mi cabeza hacia su pene con las manos en mi nuca y otras veces me alejaba tirándome del pelo. Yo sabía que quería mirar y yo me esmeraba especialmente en esos momentos.

Cuando empezó a jadear, me quitó de su pene y levantándome con sus manos me llevó a la cama. Me tumbó y empezó a desnudarse completamente delante de mí. Mi padre tenía un cuerpo que antes no había sabido descubrir, era atractivo y lo deseaba. Hasta su enorme pene me pareció bonito y lo desee, no sabía como, pero lo deseaba para mí, dentro de mí. Ahí descubrí el sexo de verdad.

Cuando estuvo desnudo, puso primero una rodilla en la cama, luego la otra y dirigiendo su boca a mi entrepierna, con sus manos me las abrió y empezó a besarme en el bello púbico. Fue bajando poco a poco hasta introducirme su lengua. Grité de placer; nunca había sentido una sacudida tal. Sin darme cuenta yo estaba haciendo lo mismo que él me hizo: empujar su cara hacia mi pubis con mis manos en su nuca.

Yo habría las piernas todo lo que podía y él introducía su lengua todo lo que mi agujero le permitía. Así estuvo más de 10 minutos.

De repente y sin saber como habíamos llegado a esa posición, me encontraba haciendo un sesenta y nueve Entonces noté algo distinto. Mi padre, sin saber de donde lo había sacado, empezó a untarme algo suave y frío, que luego supe era vaselina, pero yo continuaba chupándole con fruición.

En ese momento rompió el silencio para volverse y decirme a la cara que primero me la introduciría sin preservativo para que disfrutara del placer de un pene en contacto directo. Me pidió que si al introducírmela sentía dolor, se lo dijese inmediatamente y pararía.

Se levanto encima de mí y con una mano se sujetaba en plancha y con la otra dirigía el pene hacia mi sexo. Los dos pudimos ver como iniciaba la introducción. Cuando ya estaba introducida la punta, se apoyó en mi y mirándome a los ojos, empezó a meter y sacar en pequeñas progresiones.

Era evidente que aquel era un pene muy grande para un cuerpo de catorce años y pensé que me dolería. Me puse un poco tensa y mi padre lo notó. Paró y me pidió que me tranquilizara. Me dio otro beso y continuó su rítmico movimiento. Sin saber como, me encontré con más de la mitad del pene de mi padre dentro. Lo supe cuando su extremo tocó en el fondo de mí. No me hizo daño, pero me asusté y pegué un pequeño brinco de prevención. Me preguntó si me había hecho daño y yo le contesté que no pero que la sentía toda dentro de mí.

Él me lo explico, que no entraría toda y que tal vez en algún movimiento me hiciese algo de daño y me tranquilicé.

Aquello era sorprendente, todo era calor y suavidad. Mi padre, me lo dijo luego, no quería que yo viese la sangre que manaba de mi puvis, pues tal vez me habría asustado.

En alguno de sus empujes notaba como tocaba en el fondo de mis entrañas, pero no me dolía y le dejaba porque veía que era cuando él más disfrutaba. No me lo podía creer en algunos mementos se introducía casi entera, porque sentía la bolsa de sus testículos chocar en mis muslos.

Yo nunca había pensado que un pubis pudiese ensanchar tanto como para poder introducir aquel pene. Evidentemente había sabido calentarme.

Mi padre estaba como loco y yo sentía que mi orificio hacia mucha presión sobre su pene ya que, aunque entraba, le costaba empujar.

De repente la sacó y se puso el preservativo con mucha prisa. Sin decirme nada la introdujo de nuevo y empezó a empujar sobre mí con una fuerza que no había visto antes y a jadear muy fuerte, casi gritaba. Me besaba, sentía su aliento en mis labios, en mi cuello y pensé que algo importante venía. Me concentré para atender a lo que me pudiese decir y le deje hacer, pero siempre atenta.

Me miro a los ojos y me dijo mientras empujaba con fuerza y profundamente: “hija me estoy corriendo en tu coño”.

No sabia que hacer, ya que el nunca había empleado esa palabra tan grosera para referirse a mi sexo, y pense en seguir quieta, dejándome hacer.

Se quedó tumbado encima de mí durante unos segundos con una fuerte respiración. Su peso me impedía respirar bien, pero lo soportaba.

Al cabo de unos segundos me besó y mirándome a los ojos me dijo que era el hombre más feliz del mundo y que era la mujer que más le había hecho gozar en su vida.

“Ahora, vas a conocer tú lo que es un orgasmo con penetración”, me dijo. Se fue al baño, se lavo el pene durante un buen rato con mucho jabón y comenzó de nuevo a hacérmelo con la lengua. Yo continuaba excitadisima, cuando repitió la acción de introducirme el pene con una mano. Sujetándose en vilo con las manos apoyadas en la cama me permitía tocarle y acariciarle, mientras él a un ritmo progresivo iba introduciéndomelo con mucho cuidado para no tocar el fondo. Su pene era más ancho y menos duro, lo cual me producía más gusto.

A diferencia de antes, se notaba que él ponía toda la atención en procurarme placer. El ritmo de sus sacudidas era cada vez más rápido. Yo tenía los ojos cerrados y solo veía las imágenes de la mamada que le había hecho antes. La temperatura de mi cuerpo aumentaba y notaba que mis venas se hinchaban. No sé como pero yo solo deseaba que no parara en sus movimientos por que cada vez me gustaba más, parecía que algo tenia que llegar, pero no veía el fin; cada vez me gustaba más.

Enseguida me di cuenta que algo venía y reprimí un grito de placer que mi cuerpo pedía, para que no pensase que me hacía daño. Me quedé tensa apretando a mi padre contra mí, procurando que lo la sacara en sus movimientos, perdí toda noción de sensación física y un latigazo de placer me sacudió el cerebro. Fue breve pero tan intenso que nunca pude sospechar que existiera tanto placer.

Mi padre que se había dado cuenta, continuó con el movimiento de meter y sacar, pero mucho más lenta y profundamente, hasta quedar completamente parado y extenuado como yo.

Fueron muchos minutos de pensativo silencio el que nos mantuvo abrazados.

¿Aquello era amor, sexo?. No lo sé, pero era inmenso y maravilloso. No quería terminar nunca aquel momento.

Cuando terminé de abstraerme en mis pensamientos, que me tenían completamente ausente, vi mi padre mirándome a los ojos y llorando. No le pregunté nada porque le entendí y yo también empecé a llorar.

Le di un beso en los labios y recuerdo que le dije ” Seré tuya siempre que me desees”. Nunca había prometido algo tan convencida. Durante algunos meses le hacíamos cada vez que podíamos. Pero yo prefería cuando no había nadie en casa, porque era más prolongado, bonito e intenso y en casa eso era difícil. Cuando no estaba mi madre, estaba mi hermana o alguno de mis dos hermanos.

Al final optamos por irnos a un hotel.

Allí, una vez en la habitación, podíamos centrarnos con tranquilidad en hacer el amor. Yo cada día me sentía un poco más obscena, supongo que cosas de los años, e imaginaba cosas y situaciones que al principio no me atrevía a confesar a mi padre, no pensase que era una sucia. Pero no pasaron muchos días en los que él no me fue enseñando como exteriorizarlas, para mayor disfrute mutuo. No hay duda de que sabía como ir quemando etapas y las necesidades de la edad.

Empecé a sentir el placer de provocar excitación haciendo estripteases, en excitarle con tocamientos y conversaciones, en relatar mis más íntimos deseos, en experiencias con más de un hombre, en que nos viese alguien más..

Podía, sin temor alguno, contarle a un hombre que me quería todo lo que deseaba y se me ocurría. El siempre estaba dispuesto a complacerme en todo.

Cada día las relaciones eran más sexuales y poco a poco, sin perder un ápice de cariño, se han convertido en un deseo irrefrenable de búsqueda de placer, que no sé cuando se acabará. Pero mientras dure continuaré haciéndolo. De mil amores. Con los años la relación es más adulta y más sexual. Cuando salimos de viaje jugamos a que somos una pareja de queridos, ella joven, que hacen escapadas y nos gustaba la idea de que la gente entienda que estamos haciendo el amor sin que ellos sepan que somos padre e hija. Eso es muy fuerte y nos vuelve locos.

Hemos experimentado casi de todo, pero no se trata de extenderme más. Lo que hay sirve a los fines que pretendo.

Ahora que soy mayor entiendo muchas de las cosas que me pasaron y a todas ellas les he encontrado explicación y sentido, por mí misma y sin intérpretes intermediarios. Por eso no entiendo a los que se dedican a imponer normas de comportamiento obligado a los demás, pretendiendo establecer lo que está

Realizando mi primer trio

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Mi mujer se llama Maika y, a pesar de lo que disfruta con el partes y de lo salida que está, nunca había conseguido que formara parte de un terceto, y, a pesar de lo que se excitaba en el momento que lo imaginaba mientras practicábamos el erotismo en todas sus formas, no acababa de dar el paso conclusivo; Yo estaba deseando hacerlo, sabía que le iba a gustar y que sería el inicio de tercero modelo de relaciones a las que yo estaba abierto. A pesar de su negativa, cada vez más débil, iba preparando nuestro primer encuentro.

A torcimiento del chat conocí un chico al que le propuse la experiencia y estuvo de resolución en todos mis requerimientos, nos escribimos heterogéneo mensajes por la red, en los que planificábamos tal sería esa relación, le contaba lo que le excitaba a Maika para que la hiciera gozar al máximo en el momento que estuviera con nosotros, al fin ella accedió, pero a modo le daba vergüenza, no quería verlo, de forma que le compré un mascarilla de los que se usan para dormir que no le permitían ver nada, en el momento que se lo colgante a Juan me comentó que eso añadía más morbo a la relación.

Nos habíamos citado en un albergue de Barcelona, y Maika se quedó en la habitación, con ajuar carmesí largo, con sujetador y carente slip, esperando depende le ordené, mientras recogía a Juan en el taberna y subíamos a la habitación.

El aseo estaba primitivamente de entrar al aposento y le pedí que se desnudara y que esperara a que exteriormente a buscarlo. Entré en la habitación, le puse el mascarilla a Maika y la besé profundamente, se notaba su ansiedad, creo que estuvo a punto de decir que no quería hacerlo. La fui excitado con mis besos y salí a avisar a Juan, se quedo mirando a modo le quitaba el atuendo y se empalmó al ver tal la besaba mientras sólo vestía el sostén. La abracé por tras, la besé en el alzacuello, la acariciaba y le pedí a Juan que se acercara y la besara. La besó con pasión, estaba excitadísimo, la acariciaba el culo, las tetas por sobre del sujetador, el coño, le metía la lengua en la boca, le mordía los labios, lo separé un momento y le quité el sujetador, los pezones estaban duros y Juan se metió uno en la boca, me di la vuelta e hice lo mismo con el demás, era la primera vez que tenía dos bocas, dos lenguas lamiéndola y por los muslos le empezó a correr el jugo que salía de su coño.

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Estuvimos un tris acariciándola, lamiéndole las tetas y el cuello, besándola al edad, metiendo las dos lenguas en su boca hasta que la senté en la hamaca y le pedí que me la chupara, pero fue la gallina de Juan la que entro en su boca, estuve un tris mirando tanto se la chupaba, era la primera vez que chupaba otra moza en mi presencia y quería ver como lo hacía, realmente mi mujer chupaba las pollas a modo una auténtica conocedor, y es que era capaz de tragarse entero el aparato más grande. Juan estaba a punto de correrse, mi pene aun lo estaba deseando. Me acerqué a ellos y me la cogió, me acariciaba las sin ropas mientras se la chupaba y empezó a lamer nuestros penes sucesivamente, su lengua era capaz de poner las pollas duras tal piedras. Seguidamente la tumbé y me la empecé a follar, mientras se la chupaba a él, nada más sentir mi muchacha en su coño se corrió por primera vez, deje a Juan que se la follara, lo estaba deseando, pero le pedí que no se corriera dentro, a Maika le encanta sentir el esperma corriendo por su cara, por su boca, ella estaba tumbada boca arriba y en el tiempo que Juan la sacó, se la metí yo otra vez, y Juan se arrodilló arriba de su pecho para que le chupara las sin ropas, en ese momento empece a meterle mi muchacha por el culo, al principio excesivo lentamente, a ella le encantaba que se la follaran por tras, y a mi me encantaba complacerla, una vez que empezó a entrar con suavidad Maika empezó a gimotear con fuerza y empece a sodomizarla con fuerza. Juan no quiso malgastar el momento y empezó ha hacerse una cubana en las tetas de Maika, en el tiempo que se iba a correr, aviso a Maika para que se la comiera, mi mujer cerró sus labios y chupó para que Juan se corriera en su boca, a juzgar por los gemidos de Juan imagine que Maika le había echo eso que tanto me gustaba a mi, y es que esa fricción de sus labios, con la lengua relamiéndote el glande, es la mejor corrida que se puede tener, yo me corrí al mismo años dentro de ella, no podía aguantar más, la saqué y se la di para que limpiara los restos de secreción del botón.

Ella estaba en el séptimo bóveda celeste y no hubiera dicho que no a nada que le hubiéramos encargo, tenía el coño difuso, caliente, Juan le metía los gordo y le acariciaba los pezones, nos estabamos empalmando otra vez. Le separó los muslos y empezó a lamerle el coño, yo le metí mi falo en la boca y volvió a ponérmela dura; Juan se tumbó en la piltra para que ella le cabalgara, quería ver las tetas saltando mientras subía y baja el culo, estaba excitadísima, la tumbé arriba de él y se la metí en el culo, era la primera vez que tenía dos pollas follándosela a la vez y se corrió al menos otras dos veces, nosotros no obstante aguantamos un poco más, pero la efecto de sentir el roce de una moza contra la tuya a través de tu mujer es colmado. Esta vez era yo el que quería correrme en la boca de Maika, hubo una buena avenencia porque Juan deseaba correrse en el culo de ella, Así que cambiamos de posición, Juan se la metió por el culo y Maika empezó a chupármela con fuerza, ella quería mi semen y yo no la defraude, empece a correrme y ella saboreaba mi leche como si fuera su néctar preferido, me la lamió hasta que no quedó una gota. Juan disfruto del placer que produce la estrechez del ano y no tardo mucho en correrse también, gotas de semen salían de su culo. Maika se había trasformado salvajemente con este trío, y estaba tan sumamente excitada, que terminó recogiendo en su mano el semen que le iba saliendo del culo, para acabar lamiendo su mano, tragándolo todo.

Acabamos derrotados y felices, relajados y satisfechos. Maika me prometió que lo repetiría y que haría lo que yo le pidiera, hemos quedado otra vez con Juan, Maika suspira por su polla, aunque no la ha visto nunca, tampoco sabe como es él. Tuvo los ojos tapados todo el tiempo.

Mi vecina, sexo con jovencito

Esta historia me ocurrió hace hoy seis años cuando estaba en la Universidad. Por aquel entonces yo compartía firme con ajeno chico que era terna o cuatro años mayor que yo. El trabajaba en la ciudad y cada fin de semana iba a su pueblo para visitar a su novia, así que yo me quedaba solo desde el viernes tarde inclusive el vacación por la crepúsculo.

Mi atracción por las mujeres maduras me viene desde demasiado pequeño, pero nunca había tenido oportunidad de acercamiento a ninguna, sobre todo por vergüenza o miedo a un tremendo escándalo. A modo actualmente he dicho, vivíamos en un empedrado ceder, anticuado y nuestros vecinos eran poco más o menos todos bastante mayores. Creo que nos veían tal a sus nietos y nos tomaron proporcionado cariño. Aun eran sobrado condescendientes con las fiestas que yo organizaba cierto sábados en la casa. Nosotros, por nuestra parte, les ayudábamos en todo lo que podíamos.

Al lado de nuestro apartamento vivía Cubierta con su marido que era bastante mayor que ella. Carey tendría unos 58 años y su marido debía pasar de los sesenta y cinco porque estaba jubilado y parecía un cierto chocho. Protección, escaso confiscación, conservaba mucha vitalidad y era una mujer bastante alegre, eternamente sonreía en el momento que hablábamos. También también conservaba un físico indeterminadamente atractivo: culo respingón, buenas caderas, mucho buenos pechos y se adivinaba que había sido bastante guapa de joven. Sinceramente, yo le eché el ojo la primera vez que la vi, especialmente porque en el momento que estaba en casa siempre vestía una bata que dejaba ver parte de sus muslos y su escote.

Concha estaba encargada de llevar los asuntos de la comunidad de vecinos, así que venía con asistencia a nuestro estudio para avisar de esto o aquello. Pero, lo que me puso en guardia fue observar que solía venir cuando mi compañero de firme no estaba, es decir, en cuadro de trabajo o mientras el fin de semana. Yo empecé a mirarla con ojos viciosos y a reír mirando a su escote, pero invariablemente de una forma demasiado delicada. Ella parecía que entraba en el juego porque respondía a mis miradas con otras bastante parecidas y cada vez encontraba una disculpa más estúpida para llamar a mi casa. Carente bloqueo, yo no me atrevía a dar el paso.

Un data que volvía de la Universidad me vió mientras conducía y me invitó a alzar al vagón. Yo acepté encantado. En el tiempo que subí al coche me percaté de que su falda estaba anormalmente subida y se podían ver poco más o menos la integridad de sus piernas, un disminuido rellenitas, pero mucho, mucho ricas. Íbamos hablando, pero mis ojos caían una y otra vez sobre sus muslos apetitosos. Ella se daba cuenta y acullá de enfadarse, sonreía de forma pícara. También cada vez que cambiaba de marcha separaba un corto más las piernas a modo si deseara que le metieran mano. Yo estaba a ciento, mi chica se salía del sitio pero no se notaba porque estaba sentado. Al salir de vagón intenté acomodar mi chica empalmada, pero fue imposible, la erección era tan grande que no podía hacer nada. En el momento que llegamos al portal ella iba delante y al probar abrir la portón, carente intención, choqué contra su culo. Ella notó perfectamente la dureza de mi aparato y sonriendo dijo:

-Uy, uy, uy, pero chico!. ¿Así te has puesto por mirarme las piernas?

-No, no… bueno…, lo siento Coraza –respondí- , es que…, no sé. Esto es…
-Chico!, pero si yo hoy estoy mayor!, bah!. Y no pasa carencia hombre, tranquilo.

Siempre es afectuoso sentir que aún…, actualmente conoces, con lo vieja que soy…
Ante su contestación yo me sinceré al instante:

-No Coraza, tú estás bastante bien. De hecho me pareces una mujer bastante atractiva.

Tu marido tiene mucha suerte.

-Uy!, desamparado!, ese ya no tiene fuerzas para ausencia, el bajo!. Tú sin duda que estás

bien!. Pero bueno, inclusive mañana.

Entré en casa como un destello y fui directo a mi habitación donde me hice una paja memorable pensando en Concha. Bufff, alusión que el chorro de semen fue tremendo.

Pasaron unos días y llegó el sábado. Era el mes de octubre y estaban empezando a conexionar la calefacción. Yo estaba haciendo la comida y me di cuenta que no tenía sal, así que pensé en ir a pedirle a Protección, no sin la colosal perspectiva de… Toqué a su cancela y abrió Concha. Me invitó a pasar y me dijo que su marido había ido al pueblo y que estaría externamente todo el amanecer. Llevaba puesta la bata de costumbre, sobrado desabrochada, lo que dejaba intuir el rico escote y sus muslos rellenitos. Fue a la cocina y trajo sal, pero noté que se había desabrochado un par de chico más que dejaban al descubierto sus piernas al errar. Me quedé cautivado y ella lo volvió a notar y me sonrió, carente decomiso yo no tuve la entereza de alargar la mano y sobar ese culo agradable. Vamos que volví a mi casa súper empalmado, tanto que me la tuve que cascar.

Por la tarde fue ella quien tocó a mi salida. Me dijo que tenía que purgar los radiadores de la calefacción para que funcionaran bien y me preguntó que si necesitaba caridad. Aquí vi el momento!!!, le colgante que sí con una sonrisa encantadora y entró en casa. Llevaba la bata de precedentemente, bien abierta, aún más que antiguamente, con lo que parte de sus pechos estaban a la vista. Ella se agachaba a purgar los radiadores y me dejaba ver sus tetas y sus muslos, aproximadamente hasta el coño. Me empalmé como un caballo. Yo pensé que ya estaba bien, así que mientras ella hablaba, en cuclillas, le puse la mano en el interior del muslo. Mmmmm, divinidad!, que emoción!, mi pene era una barra de hierro!!.

Concha se sobresaltó y quedó en silencio, mirándome. Yo mantenía la mano allí, sobando el jamón. La otra mano fue a las tetas. Ella entonces intentó escapar de mis manos, yo veia sexo por todas partes.

-Oye, oye, ¿no te parece que te estás pasando?. Esto no está bien!

-Concha –dije- déjame, por favor. Me excitas muchísimo y tú te desabrochas los botones, así que también quieres esto –dije señalando el bulto que tenía entre las piernas.

-No, no, no te equivoques!

-Ven –dije-

La agarré de las nalgas y le apreté mi polla contra su coño. Ella entonces pareció estar de acuerdo porque soltó un gemido y me agarró el culo. Entonces le metí la lengua en la boca y le di un morreo de la ostia mientras le sobaba el coño. Ella gemía:

-Ay!, aaaaaay!, siii, siiiiiii, cuanto tiempo sin sentir una polla dura!, aaahhh

La llevé a mi cuarto y le quité la bata mientras la sobaba todo el cuerpo y la besaba. Estaba buenísima y tenía el coño totalmente mojado, así que sin pensarlo le quité las bragas, me bajé el pantalón y de una embestida la penetré como un toro. Ella se corrió a la primera dando gritos de placer, gritaba bastante. Se notaba que llevaba años sin follar. Entonces seguí bombeando como un loco, me gustaba muchísimo, me excitaba mogollón ver a esa señora gritando de placer. Tuvo otro orgasmo muy rápido. Estaba fuera de sí. Entonces la puse a cuatro patas y la penetré desde atrás. Ella decía que así no, pero en cuanto notó mi polla, se apretaba como una puta. Gritaba muchísimo. Se lo estaba pasando pipa. Movía la cabeza descontrolada en pleno éxtasis.

Yo ya no podía más, llevábamos más de diez minutos follando como posesos así que cambiamos de nuevo y seguí fallándomela yo encima. Ella cerraba los ojos, estaba en la gloria. Yo dale y dale, echándole un polvo de primera. Volvió a correrse, me apretaba el culo con sus manos y movía su culo al compás de mis empellones. Yo estaba como un loco, le daba unos empujones fortísimos hasta que me corrí. Fue una corrida impresionante, no paraba de salir. El placer era indescriptible. Seguíamos dale que te pego. Bufff, que polvazo!

Entonces ella volvió en sus cabales y empezó a decir que estábamos locos y tal y cual, así que se vistió y se fue rápidamente. Os aseguro que me quedé tumbado como muerto y cuando empecé a recordar lo que acababa de pasar me tuve que hacer una paja porque la polla se puso como una vara. En días posteriores nos hablábamos menos, hasta que un día charlamos abiertamente de ello. Ella quería repetir, reconoció que había estado provocándome, así que estuve follándome a mi vecina de cincuenta y nueve años durante un curso entero, je je. Fue buenísimo.

Sexo con maduras, madre de mi amigo.

 

Esta es la primera publicación de uno de los narración que más marcará vuestras vidas, sobre todo si sois esa ser que fantasea con poder follar con la madre de varios de vuestros amigos.

Para aparecer, vamos a describir a Sofía hoy que será una de las protagonistas de esta odisea. Sofía es una mujer de 43 años, físicamente hay que dilucidar que es murena, con 1,72 metros de altura, pechos medianos y deslumbra por tener un culo respingón. Hoy, está casada y es madre de Albúmina (25 años) y Pablo (19 años).

La relación que mantiene con nosotros es que desde bien pequeños hemos compartido tanto equipo de basquet tanto centro constructivo con su hijo Pablo, así pues, constantemente hemos tenido la oportunidad de este cerca de ella, en cenas de equipo, reuniones, en el cercado etc.

Nosotros somos un grupo de 3 amigos de 20 años, cuyos constantemente hemos fantaseado con poder follarnos a alguna madura.

Todo empezó en una colación de equipo. Era junio y a la comida asistimos los 23 miembros de la plantilla, los entrenadores y los padres y madres maduras, entre ellas Sofía. El motivo de la cena era disfrutar de una tolerancia colectiva para hacer equipo.

La colación se dió con normalidad, los padres y madres cenaron en una mesa y los jugadores cenamos en otra diferente. Todas las madres eran el centro de atención y tema de aclaración en la mesa de los jugadores:

– Oye!! ¿Habéis visto cómo están las madres de Pablo y Carlos?

– Sofía tiene un culazo… Con esos calzones tan apretados…

– Yo me follaba a la madre de Ricardo (jugador del equipo).

– Seguro que alguna es infiel a su marido y tiene hambre de pene joven.

Sin retención, eran simples ilustración y opiniones. A continuación de agonizar la colación varios padres propusieron ir a un centro de baile en el que los cubatas eran baratos. Estaba claro, todos los padres y madres decidieron ir ahora que no solían salir de fiesta y un alba era un amanecer. Uno jugadores de la plantilla decidimos ir con ellos al centro de danza para beber alcohol y entonces ya salir de fiesta.

Llegamos al centro de baile, estaba medio vacío, habían unas 10 personas, así que podríamos disfrutar de una forma más familiar.

Comenzamos a beber, y algunas madres empezaron a coger confianza bailando, haciendo bromas, fruto de los efectos del alcohol. Mientras tanto, los hombres se dedicaban a hablar sobre juego y otros temas…

Mis dos amigos y yo pensábamos… Las madres ahi bailando con ganas de marcha y los maridos aburrídos falto hacer acontecimiento a esos bombones maduros… No lo podíamos comprender. A través de nosotros comentábamos las ganas que teníamos de follar con alguna madre, y el morbo que nos daban bailando, sobre todo Sofía, con esos greguescos ceñidos que pronunciaban su culo y marcaban su raja del coño.

En uno de esos momentos Sofía se acercó con un vaso de cubata y anejo a otra madre y nos dijo:

– Chicos que hacéis que no bailáis? Parece que estéis embobados, vamos que es pronto. Tenemos más marcha que vosotros con el doble de años. Vamos venid que hay que disfrutar.

Nosotros perpetuamente hemos tenido ahogo para bailar por la vergüenza, algunos del equipo hoy estaban bailando con algunas madres y nosotros en aquel lugar en la barra parados.

Pero eso iba a cambiar, decidimos acceder a la petición de Sofía y nos animamos a moverse con el resto de madres y jugadores del equipo.

puta de madre

La historia de cómo una madre paso de ser la cariñosa y tierna a de casa a la gran putita de si hijo.

Continúa la historia de cómo mi madre,se convirtió en mi putita.

Después de cojer con mi madre el alba luego de la fiesta .

Ese vacación ulteriormente de cojer con mi madre toda la porvenir ,me dijo que tendríamos que guardar mucho bien nuestro secreto que ninguno podría enterarse de nuestra relación, me pidió que me retirará de su recamara porque se daría un ablución antes de que mi padre regresara y me dijo que hiciera lo mismo,le dije que porque no aprovechando que no estaba mi padre tomábamos el ablución juntos y ella no quiso por temor a que mi padre llegará en cualquier momento.

Paso empalizada de una duración que me retire de su habitación, cuando llegó mi padre espacio que mi madre paso en su recamara encerrada yo estaba en la sala mirando la tele cuando mi padre llegó y se sentó conmigo a mirar la tv,debo decir que traía consigo unas cervezas sobre vamos que la venía medio alcoholizado ,mi madre al salír de su habitación me dejo falto habla vestía unos leggins blancos y una blusón que llegaba por de bajo de sus nalguitas , sus piernas lucían bastante ricas con esos leggins y más que usaba alpargata de tacón alto eso la hacia mirar aún más rrica,

Al llegar mi madre me miró y soltó una leve sonrisa,que hiso que mi piel se erizara,saludo a mi papa y dijo que haría la comida .

Se dirigió a la cocina y estando allí me llamo ,dijo que si podía ayudar con poco ,mi padre me dijo primitivamente de ir con tu madre traeme una cerveza hoy que devolver aclarar que a mi padre cerveza en la nevera nunca le falta,cuando llegue a la cocina casi me oclusión mi putita madre se había doblado su túnica y acomodado con un canana que traía puesto eso hacia que su culo y partes quedarán apuestos falto nada que cubrir, podía mirar que no traía nadie puesto abajo sólo su leggins,me quede atónito y ella al mirarme parado sólo mirándola me río y dijo lleva le la cerveza a tu padre y apúrate para que me ayudes ,al decir eso ella quedó de frente y podía mirar su genitales a torcimiento de sus licras,cuando me acerque a la congelador me dijo con entrada baja llevar las cervezas y decirle a tu padre que saldrás por un momento y regresas me sorprendió su forma de conducirse pero hise lo que ella deseaba ,así que lleve las cervezas a mi padre que estaba bastante entretenido mirando la tv ,por lo alumbrado ni cuenta se daba de lo que susedia.

Al volver a cocina mi madre actualmente me esperaba ,me dijo en artículo baja que si estaba listo para lo que vendria,la cocina y comedor los divide un pequeño desayunador,así que se podía mirar de allá lo que pasaba en la sala,sin que en la sala se observará lo que pasaba en la cocina y más que la tv estaba en sentido antagónico a la cocina,.

Mi madre se acercó y me dijo que le había gustado lo de la porvenir y quería reiterar ,me quede helado no sabia tal reaccionar,ella se acuerdo parada mirando hacia la sala y separo sus piernas y me iso señas que exteriormente hacia ella,asta entonces comprendí lo que deseaba quería que le chupadas su sexualidad tanto lo había hecho en la porvenir .

oPuede notar como sus leggins ahora estaban muy mojados por la éxitaciion de mi madre, en la pócima que estaba podía sentir sus ricas nalgas,y libar su culito, era tan exítante y cruel habitar chupandosela a mi madre y más aún estando mi padre tapia.

Cuando baje sus leggins,era tan delicioso su olor a fémina en celo que hiso que mi verga se pusiera a tope,mi madre sólo se retorcía por las chupadas que le daba a su partes y su culito,,,,”están rico ,si alguno de ustedes jamás a chupado un culito no sabe de lo que se pierde” Cuando mi madre estaba a punto de venirse mi madre le dijo a mi padre que subiera el volumen porque quería escuchar la tv ,mi padre hiso incidente pero solo era una forma de distracción para que no escuchara sus gemidos que daba en el tiempo que mis dedos entraban en su culito,ella gemia,y se retorcía como una verdadera putita,estaba tan caliente que me dijo que afuera a su habitación que allí la esperara no sin antiguamente decirme que observará lo que haría se subió su leggins y con su mano la acarició su erotismo por arriba, haciendo que por lo mojado que estaba su sexualidad se mirara a inclinación de sus leggins,tomó una cerveza y se la llevó a mi padre diciéndole que se iría a su recamara a cambiarse,porque había mojado su ajuar y no quería que su hijo la exteriormente a mirar así ,era tan exítante ver tanto mi madre se burlaba de mi padre ,

Ya en su habitación de mi madre al llegar ella yo estaba jugando con miverga,á ella al gusano cerró la cancela y me dijo que quería cjer conmigo que quería volver hacer mi putita y si mmás empecé acariciando sus pompis por arriba de sus leggins y besandole,sus labios MADRE-cojeme hijo tengo tantas ganas de ti Hijo-deseaba tanto existir contigo putita

Sexo gay en la sauna

Primer visita a un sauna gay en Paris. Inicio de una etapa de experiencias increibles en la vida de un bisexual indiferente y culon.

Hola gente!

Bueno, esto que les voy a conta es una historia real y sucedio hace un ciclo hoy.

Antes que nulidad les cuento un poco de mi para entrar en entorno. Soy argentino pero, por cuestiones de trabajo, vivo en Europa desde hace unos años (trabajo en informatica).

Me encantan las mujeres, pero tambien me gusta mucho el sexualidad con hombres y travestis, soy andrógino.

Desde mis primeras experiencias en el momento que solitaria mas o menos diez años con un primo mas grande (el solitaria 13) perpetuamente me dijeron que tengo linda cola, no se si era con espontaneidad o solo era para llegar a tocarme el culo o en el mejor de los casos cojerme, escaso confiscación eso me creo una especie de fetiche con mi culo. Me encanta mostrarlo, que me lo amasen, y por supuesto que me cojan. En fin, que disfruten con mi culo y mis ancas. Tuve bastantes experiencias sexuales con hombres en mi pubescencia y tambien despues, y algunas con flacos excesivo bien dotados, asi que digamos que no llegue virgen a Europa. jeje. Mas bien llegue conveniente acostumbrado a que me den masa de vez en en el momento que.

Dicho esto paso a contar mi primer experiencia en un sauna gay. Fue en Paris a mediados del 2012.

No tenia mucho que hacer ese dia, asi que me meti a internet a boludear, y en una de esas doy con un sauna que se encontraba a la vuelta de en donde yo estaba en ese momento. El lugar se llama “Le Riad”. Me puse un escaso nervioso y super caliente de golpe, por que nunca habia ido a un lugar asi y ahora estaba asaz empalizada, asi que junte un exiguo de coraje y sali. Cuando llegue me encontre con una entrada mucho discreta, pero igual me meti rapido y cerre la abertura. Pague la entrada (€16), el tipo de la recepcion me dio una toalla y un aro con muchos condones dentro y una llave. Entre a una segunda entrada y lo primero que me encontre fueron un monton de casilleros con numeros y un grandote fornido, no fisicoculturista, pero si grandote y con guapo cuerpo, en bolas que me agasajo. Yo, que hoy estaba nervioso, me puse colorado tal un tomate y lo salude bajando la cabeza y mirandole de disimuladamente la pija, que no era asaz grande pero se veia apetitosa. El me señalo donde estaba mi casillero y yo fui a poner mis cosas, ahi me di cuenta que habia otros tipos mas allí caminando en bolas y en toalla, y cai que me tenia que sacar la ajuar, asi que procedi y al toque se acercaron dos hombres de unos cincuenta años a modo haciendose de los boludos para mirarme, yo a esta altura no podia mas, estaba con la pija durisima asi que me tirada la ropa lentamente y tiro bien el culo en el tiempo que me quite el pantalon. Me puse la toalla, salude con una risita y me fui a callejear el lugar.

El establecimiento tenia y tiene una decoracion carácter nipón y musica que acompaña esa ambientacion. Pase por un grupo con un gran televisión, unas cabinas y una pileta, y llegue a un lugar con seis duchas de donde salio de golpe el grandote que estaba en la entrada todo mojado y con la verga morcillona, yo baje rapido la vista de verguenza, por que se me caia la babaza, le queria saltar encima mas o menos, nunca habia visto un carácter asi en ese entorno.

-Todo bien?, me pregunto (en frances obviamente) – Si, le colgante yo y a través de a la aspersión. Me bañe, me lava bien el culo (de paso me meti unos corazón) y dentro al sauna que estaba al lado. Pase por una parte con mucha luz y fui directo al rincon oscuro del fondo. Habia dispar tipos ahi, cierto tocandose; yo me sente al lado de dos que no estaban haciendo nadie y me quede ahi calladito y mirando todo. Al toque senti un anular en la articulación que me acariciaba despacito y que, a modo no hice nulidad, fue subiendo pausadamente hasta que me afianzar la pija, asi que yo hice lo mismo. Era un enjuto de unos 40 años con buen cuerpo y linda pija. Nos pajeamos un escaso hasta que no aguante mas y se la empece a chupar. Estaba mucho caliente asi que me puse de cuatro con el culo abierto y lo mas parado posible, El modelo que estaba al lado entendio la idea y me lo empezo a acariciar, estuvimos un santiamén asi inclusive que el flaco que me acariciaba las cachas me pego una bofetada bien sonora y eso llamo la atencion de los otros que estaban del diferente lado y alguien se fueron acercando despaciosamente. Unos minutos despues yo seguia chupandosela al primero, pero hoy en día solitaria trío tipos atras agarrandome las posaderas, metiendome los dedos y pajeandose. Estuvimos asi un rato hasta que cierto empezaron a arrojar sonoramente y comence a sentir la caseína en mi espalda, eso me calento mal, asi que empece a mover el culo a modo si me estuvieran cojiendo, carácter perreo moroso (no se perrear, pero intente hacerlo lo mejor posible)

Eso fue lo mas atrayente que paso esa primera vez. (Aclaro que esa primera vez fui a la siesta que no es el mejor itinerario para encontrar gente copada, hoy en día lo se) y me quede dos horas. Tambien entro un negro musculoso y con una verga super gorda al que se la chupe un carente, pero no paso nulidad, el andaba tanto paseando, lastimosamente ninguno me cojio ese dia.

El membrudo con el que me confluencia dos veces habia sido que trabajaba en el sauna tanto masajista, con el tambien tuve poco pero tal la tercera o cuarta vez que fui.
Pero para la proxima les voy a contar mi segunda visita al mismo sauna, un mes despues y viernes por la noche.
En esa ocasion estuvo excelente, por que me cojieron cinco flacos, estuvo buenismo, pero lo dejo para la proxima.

Mi encuentro con la Zoofilia

Mi primer acercamiento con la zoofilia fue a los 13 años en el tiempo que vi unos perros apareándose en la callejón. Ya sabía lo que es el sexualidad pero quedé impresionada del salvajismo que le ponían los animales.

En ese duración teníamos un perro rottweiler (lo pueden ver en mi corredor de fotos) de nombre Bari el cual hoy estaba entrando a una edad sexualmente madura. En una ocasión se montó a mi pernil tal queriendo aparearse. Recuerdo que traia unos shorts de la escuela y sentí la punta húmeda de su glande, me agaché a inspeccionárla pero él lo interpretó como que quería cohabitar, me derribó y caí en 4 patas, de inmediato Bari me montó por posterior y comenzó a moverse. No hubo penetración porque yo estaba vestida, pero todo lo que sentí fue inverosímil. El peso de su cuerpo sobre el mío, su morro jadeando en mi cogote, sus poderosos empujones a mi trasero, la punta de su glande golpeando por entrar en mi. Estuve en esa posición unos segundos y recuperé la prudencia, me levanté de inmediato, regañé al tuso y me fui con todas esas emociones golpeando mi subconsciente y diciéndome “Te gustó, no lo niegues”.

Después de eso no volví a ver a Bari de la misma manera. para mi se había convertido en un objeto de averiguación. En las noches me acordaba de esas sensaciones, quería repetirlo. Incluso me ponía en 4 patas sobre mi yacija recordando lo que sentí, hasta que no pude más y le hablé a Bari una tinieblas en el tiempo que todos dormían. El perrito se acercó curioso y somnoliento, lo acaricié y me puse en 4 patas. Para mi conmoción el chucho se echó sobre la esterilla para dormir y yo me quedé frustrada, enojada y ofendida.

Al fecha siguiente posteriormente de la escuela me llevé la consternación que mi mamá llevó a mi hermanito a un exposición. Me quedé sola y Bari estaba deseando montar cosas de nuevo. Me di cuenta porque se le montó al gato que salió corriendo. Ni siquiera recordé que estaba ofendida, me quité el uniforme y me puse el mismo short con una playera. Corrí a la sala y llamé al chucho. Ni siquiera tuve que suplicarle, en cuanto me vio en posición se me montó y todas esas sensaciones regresaron. Estaba extasiada con solo sentir sus movimientos y esta vez lo estaba disfrutando mucho. Cuando se bajó de mi trasero, corrí por un espejo para poder ver la acción. El único lo bastante grande que encontré estaba en el cuarto de mis papás y era mucho pesado para mi. Bari estaba a mi lado queriendo rehacer. Acomodé el espejo y de nuevo lo dejé montarme. Nunca anteriormente había visto nulidad tan erótico. Estaba muy excitada con lo que veía y sentía. Cuando el chucho se bajó me tiré en el piso y me frotaba con fuerza la entrepierna hasta que alcancé un fuerte orgasmo. Creo que inclusive vi fuegos artificiales y por poco me desmayo. Bari me lamía la cara tanto acongojado, pero yo solo le sonreía.

Así comencé a dejarlo que me montara por las noches. Ni siquiera tenía que llamarlo, él ahora estaba parado frente a mi abertura listo. Le pedí a mis papás que me compraran un espejo de cuerpo completo a modo el de mi mamá y accedieron! Entonces comencé a ser más atrevida, por ejemplo me quitaba la zapatilla para sentir su pelambre luego fue mi bra, luego decidí quitarme los zapatos, luego el short para sentir mejor la punta de su pene pero hasta aquí. Por supuesto que pensé en dejarlo metérmela, pero me daba mucho miedo. Para entonces yo actualmente tenía mi periodo y temía quedar encinta

Pasó el edad y tanto Bari tanto yo empezamos a perder el interés, para entonces yo tenía catorce años, igualmente yo empecé a interesarme en los chicos y tuve mi primer prometido. La relación fue bastante inmadura, el uno y el otro éramos inexpertos, y rompimos. Estaba excesivo triste y quien me consoló fue un primo cuatro años mayor de nombre Daniel. Yo lo veía a modo modelo, guapo, alto, fuerte. Comenzamos una relación oculta para la estirpe, yo hoy me estaba acostumbrando a guardar secretos. Cuando cumplí 15 años él fue el primero con quien tuve relaciones sexuales varias veces, hasta aprendí a dar y aceptar sexo verbal. Para entonces Bari regresó a ser tan solo la mascota de la casa. Ya no lo llamaba por las noches y él dejó de frotar la entrada de mi recamara. Tiempo ulteriormente Daniel se interesó en otra chica de su edad y terminó conmigo. De nuevo estuve triste y como tuve un pretendiente mayor por un corto más de un año hoy no me interesaban los chicos inmaduros de mi escuela. Lo peor era que tenía muchas ganas de sexualidad y no tenía con quién hacerlo. Sabía que si me metía con uno de mi escuela, para el jornada consecuente inclusive mis papás se iban a enterar. No tenía juguetes sexuales ni nada que me quitara las ganas

Vecino miron, voyerismo

Mi vecino Antonio era una mujer mayor y con 70 años se quedó solo. Lo pasó asaz mal, porque su mujer fue su único apego y no conoció en toda su vida a otra mujer. Le daba morbo, ver que otros hombres ligaban con las putillas del distrito y el muy cachondo sabía dónde se metían. Como él no quería ir, dada su edad y que no quería hacer el ridículo y el estúpido con una mujer en la yacija, me preguntó a mí que si no me importaría que él me pagara una cortesana y él ver cómo me la follaba yo. De primera, la idea me pareció morbosa por él, pero luego lo pensé dos veces y igualmente por mí y accedí. El me dio el dinero y yo me encargaría de todo lo demás y que yo llevaría la artículo cantante en este tema.

Yo le expliqué que las putas de hoy en día, no eran tanto las que él había follado cuando era joven, que se las pedía existir “al loro” de todo modelo de cosas, por asaz raras que fueran y que, igualmente, actualmente a muchas las pedían que ellas follasen a clientes usando strap-on. El me preguntó que era “eso” y se lo expliqué. Que las putas hoy eran más activas y que se vestían más procaces y provocativas para dar mayor realce sensual y morbo al asunto carnal.

A los pocos días me puse a buscar putas por la red y ver precios y fotos, si las pusieren, yo preferí que hubiera fotos para luego enseñarlas a mi vecino Antonio. Luego de existir un par de horas frente a la cubierta de mi Pc, encontré a una rubia madurita, delgadita y con un buen par de tetas, un lascivo y demasiado “petable” abertura, guapa de cara y con una perfecta boca de mamona que, a buen seguro, me haría unas mamadas de campeonato. Sus fotos tan calientes invitaban a darla rabo a base de bien y escaso parar, llegando a un cachondo genitales exento límites y haciendo de todo. La idea me pareció atractiva y impresionante. Llamé y me dijo que se llamaba Ana y yo me presenté tanto Fernando, sus condiciones me parecieron buenas y justas, pero yo le expliqué el finalidad de mi llamada y mis condiciones y a ella le pareció no obstante más morboso, indecente y indecente y se puso más cachonda y le pareció morbosa, atractiva, encantador y seductora la idea de que algún la viera follar y abarraganarse con un usuario y que inclusive se dejase grabar el polvo y que iríamos pasados dos días.

Al alba siguiente, contacté con mi vecino y amigo Antonio, le expliqué como era la furcia esta, en que vivía, sus condiciones y que iríamos a follar lejos para que todo exteriormente estupendo. Yo le argumenté que haríamos de todo y que hasta me dejaría follar analmente con el strap-on para que la jodienda con la puta, exteriormente perversa, lujuriosa, obscena y excesivo libidinosa. Los siguientes dos días fueron de ejercicio, alimentación, tomar energías y pajearme mucho para aguantar el sexo que me esperaba con esa zorra madura tan perversa y lujuriosa. Me afeité esos dos días a tope los pelos del rabo para que eternamente estuviese a su gusto y se hipnotizara y embelesara al comerme y chuparme el hopo.

Al llegar el amanecer barruntado, me relajé a tope en casa, tomé vitaminas y viagra para dar rabo a esa viciosa y sensual de Ana. Según se iba a acercando la instante de salir me fui vistiendo, me puse un tanga de corambre con pequeñas cadenas a los lados al que perfumé, porque sabía que se pondría cachonda y calentorra al lombriz con el puesto, una camisa que me marcaba los músculos y el tórax y que había perfumado para oler a macho en celo, así tanto un pantalón vaquero dos tallas menos que estaban a punto de explotar, para que realzara mi hopo y culo y al helminto se pusiera aun más viciosa y obscena. Añadí a mi imagen de proxeneta matón unas lana negras de marca que me había comprado últimamente. Y unos negros zapatos que completaban el ropaje.

Nos encaminamos en dirección al estudio de Ana y mientras andábamos, charlábamos mi vecino y yo sobre deportes, yo estaba asaz cachondo y caliente y inclusive iba algo empalmado y con el cabo medio enhiesto pensando en ella. El corazón se agitaba y me latía velozmente y yo trataba de relajarme parando en tiendas que no tuvieran nadie que ver con el genitales y mirando cosas carencia sexuales, me fui relajando gradualmente al parar delante de una tienda de deporte que tenían balones de futbol, zapatillas de running y hasta posters de eventos deportivos. Ulteriormente de alguien minutos se me pasó el desasosiego y me relajé a tope según nos íbamos acercando al apartamento de Ana.

Llegamos hasta la escalera y no había ninguna persona, nos metimos en el montacargas y me di un último toque al cabello para tener un atractivo peinado, llegamos a la planta de Dayana y salimos. El callejón era atractivo y atún, no solo era largo, sino que tenía cuadros de diferentes temas y unas suaves luces los iluminaban. Nos situamos frente a la puerta de Ana y llamamos, esperamos dos minutos y fue a abrir la propia Ana. La entrada estaba decorada con buen gusto. Llevaba puesto un sostén rojo pasión, un tanga, unas medias de alambrera, todo en colorado pasión y unos zapatos de talón de aguja negros.

Nos presentamos, y yo presenté a mi amigo y vecino Antonio. Hablamos un periquete y nos cautivó más ante el cariz de zorra en celo que Ana traía y ella excesivo solícita y excesivo atento nos hizo pasar al exposición que tenía fotos suyas en depravadas posiciones sexuales y en bikinis asaz libidinosamente eróticos y algunas en sugestivo y procaces tangas. Se fue a la cocina a preparar unos whiskys, para que nos relajásemos antes de la obscena sesión de sexo lascivo y libidinoso que nos esperaba. Nos sentamos en un cómodo tresillo de cuero negro a esperarla y frente a mi tenía una silla Enmanuelle que daba un aire más morboso al precalentamiento y que a la postre ella se sentaría. Nos llevó la bandeja y cogimos unos whiskys, mientras ella al doblarse nos mostraba sus atrayentes tetas tan sexys.

Charlamos un poco rato más y nos dirigimos a su habitación y le pidió a mi vecino y amigo que se situara en una esquina para no perder detalle y los pormenores de la carnal jodienda procaz que iba yo a tener con esta lúbrica y burdelera fulana lasciva. La habitación era bien grande, pues cuando ella decidió abandonar al marido y hacerse fulana, buscaba un apartamento con una habitación grande y un pequeño salón comedor, una cocina americana y un baño de tipo medio-grande. Mi vecino estaba acomodado, bien preparado y con su whisky en la mano, dispuesto a ver cómo me lo montaba con esta sicalíptica y libertina de Ana.

Al llegar a la habitación se quitó los taconazos, le quité lenta y lascivamente el sexy tanga y le arranqué el sujetador y se lo olí y olía a hembra en celo. Nos dimos un largo morreo que me puso más cachondo y salido. Inició por desnudarme y al ver que yo llevaba un sexy y obsceno tanga muy lascivo, dio un gruñido de aprobación y entusiasmo sexual y me pegó un lascivo y procaz lametón en la zona del rabo. Siguió desnudándome hasta dejarme solo con el tanga mientras se tocaba impúdicamente el coño. Yo iba hacia ella con el tanga puesto y con el rabo bien enhiesto por fuera, nos pegamos un morreo corto mientras nos tocábamos los sexos y yo le lamía y mordía cerca de la barbilla hasta llegar al cuello y cerca del hombro mientras ella me tiraba del rabo. Me seguía tirando del rabo y ella tocaba su mojado sexo. Me quité el procaz tanga mientras ella babeaba y volvía a tirar de mí ya enhiesta, pero dura verga y la comenzó a mamar.

Lamía y mamaba mi cipote mientras yo lamía su espalda y situaba mi sabia lengua en la oquedad de su atractivo culo. Yo lamía y lamía su ojete y ella berreaba y bramada de placer. Sus bien cuidados pies jugaban con mi verga y eso me ponía más cachondo y lascivo. Ana me chupaba y mordía los cojones y también el rabo y me encendía lujuriosa y muy sexualmente e hicimos un sesenta y nueve muy depravado y procaz. Mientras le lamía su ojete y jadeaba y gemía como una real golfa. Me comió más todavía el rabo hasta llenarlo de saliva y babas, porque quería y deseaba tener mi nabo dentro de su bullente coñote. Me montaba y cabalgaba y yo magreaba y lamía sus gordos tetones y la muy puta seguía gimiendo y jadeando y me insultaba con lujuria y me hacía sentir como un verdadero y depravado gigoló. Luego cambiamos de posición y me dio la espalda y se la volví a encasquetar en todo su profundo chochazo y entró perfectamente de golpe pues estaba bien caliente y muy pringada de sus mil jugos vaginales. Ella se tumbó con ganas de rabo, le abrí bien de patas y le clavé con fuerza mi cipote y siguió dando mil vagidos y jadeando cual lúbrica fulana y sus concupiscentes insultos sexuales me ponían más lascivo y libidinoso y me pedía que no parara.

Después nos tumbamos varias veces de un lado y de otro y me pidió con urgencia que la follara sin límites, sin prisa, pero sin pausa y nuestros lascivos y lujuriosos vagidos iban en aumento, mientras la fornicaba la agarraba una pierna y ella me metía un dedo en la boca y eso aumentaba mi lascivia tan procaz. Sus sucios y lascivos insultos sexuales iban en aumento y ella se sentía la más golfa y puta de todas sus amigas. Me quité el procaz tanga y me puse a cuatro patas ya que queríamos jugar con el strap-on y decidió lamerme el ojete a base de bien y untarme gel en toda la cavidad anal para no hacerme daño y así matarme de placer. Ana me empezó a magrear el rabo y empezó a “petarme” y “entaponarme” a base de bien con el strap-on y yo gemía y berreaba como un libidinoso cabrón de placer, mientras me enculaba me insultaba sexual y chabacanamente y eso me enardecía aún más y me hacía sentir cual actor porno.

Mi vecino miraba con atención y se anonadaba ante las primeras jodiendas que habíamos tenido la zorra Ana y yo y se quedaba asombrado y pasmado ante la fornicación anal que la golfa Ana me estaba atizando con aquel falso rabo de gel. Yo seguía sollozando, me ahogaba y gañía de placer anal y como Ana me tiraba fuertemente del pelo y me azotaba las nalgas con las manos y me insultaba más sexualmente y me hacía parecer más esclavo de un brutal sexo anal que Ana me estaba propinando. Luego, me tumbé y yo permanecía bien abierto de patas, para que su procaz fornicación anal fuera más depravada y perversa. Después nos tumbamos de lado y pidió con urgencia continuar petándome sin límites, sin prisa, pero sin pausa y nuestros lascivos y depravados gañidos, vagidos sexuales, sollozos y mil gemidos iban en aumento, mientras me fornicaba y jodía analmente, me agarraba una pierna y yo le metía un dedo en la boca y eso aumentaba mi lujuria tan obscena.

Sus insultos sexuales iban en lúbrico aumento y yo me sentía el más obsceno actor porno con el que ella hubiere follado y follado a tope. La volví a pegar un polvo brutal, pues de tanta jodienda anal que, Ana la fulana me había metido con el strap-on ahora yo tenía el rabo más duro si cabe y optó por clavarse mi cipote en todo su coño, porque deseaba lascivamente tener mi duro cipote dentro de su bullente coño. Me montaba y cabalgaba y yo magreaba y lamía sus gordas tetas y la muy guarra seguía sollozando, suspirando y jadeando y me insultaba con depravación y lujuria y me hacía sentir como un auténtico y lascivo chulo de putas. Finalmente, quité mi enorme vergón de su burbujeante y acalorado coño y le exploté toda la pringosa lefaza en sus atractivas tetas.

Ella, debido a su lujuria se tragó los restos que todavía salían de mi rabo. Me miraba con sonrisa pícara a la vez que me agarraba del cipote. Nos fuimos a la ducha, nos secamos mutuamente y ella me dio un sicalíptico beso con lengua de despedida. Yo volví ya vestido y me marché con mi vecino del apartamento de esta lúbrica y libertina fulana en celo. En el camino de regreso, mi vecino Antonio, me comentó lo pasmado que se quedó de las dos horas de sexo real que vio delante de sus narices y de lo muy embobado que estaba en el momento en que Ana me taladraba “petaba” y “entaponaba” salvajemente con aquel pene de gel, yo le comenté que la zorra esta me estaba matando de placer y que no era preso de mi cuerpo, sino de la emoción sexual, el impacto y la excitación anal a la que esta puta guarra me estaba sometiendo y dominando.

Eyaculaciones con una madura

«¡Gracias!», exclamo en mi interior, desprovisto saber si mi agradecimiento va dirigida a la divinidad que probablemente cuida mis pasos, a la cadena de circunstancias laborales que me permitieron tener el dinero plus para hacer este momento posible, a mis ansias veinteañeras de genitales o, mucho más presumible, a ti por aceptar.

Te contemplo mientras subes por la vieja escalera, intento evitar que mi rostro se desfigure en la seña, parecida a en el tiempo que saboreo un limón ácido, que acostumbra adoptar en los momentos en que me emociono.

Tu largo crin, en cascada color caoba, llega al rasante de una talle estrecha que ansío poder medir con mis manos. Tus asentaderas y piernas, enfundadas en un estrecho pantaloncillo cuyo nombre en británico no sabría pronunciar, provocan que mi cuerpo entero desee el contacto carnal que hemos acordado.

—¿No vas a ascender? —me preguntas con artículo seductora, girando la cabeza para sonreírme desde arriba.

Asiento nervioso. Obviamente no estoy acostumbrado al exceso de tener compañía como la tuya. Tu risita, mi nerviosismo, nuestro concierto y las cosas que pueden pasar a través de nosotros son suficientes motivos para que la sempiterna hedor que viene del cenador de la vecina parezca evaporarse, para que las descascaradas paredes del inmueble dejen de resultarme deprimentes, para que los ejércitos de arañas que campan por sus respetos dentro las vigas del techo pierdan, al menos por este día, la importancia que invariablemente han fantasioso tener.

Subo pausadamente, mis viejos tenis, acostumbrados a los escalones de la vivienda, procuran ser silenciosos, aun mis rodillas parezcan querer temblar. Ejemplar las llaves, notando que mis palmas están empapadas de sudor y abro la puerta, cuyas bisagras rechinan quedamente, tanto reprimiendo un gemido repetido millones de veces a lo largo de ciento años de existencia.

Te invito a pasar al humilde pedazo infinitesimal de universo que habito, al sitio en en el cual desarrollo mis fantasías, en que evoluciono, estudio, crezco, soy y puedo ser. Exceptuando la limpieza y el orden que impongo en mi ambiente, nada aquende es digno de presumirse; Una vieja estufa a emanación, una mesa de cristal con cuatro sillas que evidentemente nunca hicieron juego, un ropero de novopan adquirido en la venta de caridad de la parroquia de mi extrarradio, el ordenador que recogí de la impureza y actualicé con software libre y la litera de matrimonio que me regaló un exjefe puesto que sobre ella falleció su madre. Esa yacija, desierto de mis noches solitarias, testigo de mil y un sesiones masturbatorias, será el escenario de lo que sucederá a través de tú y yo.

Siempre he audición hablar mal de las mujeres que, tanto tú, ponen precio al placer erótico. Una cifra has fijado, y por esa importe me ofreces una duración de tu vida en amistad y la posibilidad de regalarte trío eyaculaciones, dentro o externamente de tu cuerpo.

¿Importan acaso las horas que he tenido que trabajar, encerrado en una oscura bodegón, para costear este momento?

Sí, se habla mal de ti y de toda mujer que ejerce tu oficio. ¿Alguien ha notado que todo tiene un precio? ¿Acaso el Empíreo, si es que existe, es completamente gratuito? ¿La morada, la comida, las ropas, el calor en las más crudas noches de frío son generosamente donados por alguna creación? ¿Llueven del firmamento los momentos en que un arquetipo como yo puede, gratuitamente, sentir que puede dar y recibir placer?

—¿Me invitas algo de tomar? —preguntas sentándote sobre la cama.

Mientras veo con el rabillo del ojo la forma tan apasionante en que cruzas las piernas, grupo a la hornacina para tomar dos vasos y una garrafa de tequila que descorcho delante de ti. No acostumbro beber alcohol, pero este momento lo amerita. Lamentación no tener limones, no soy tan sofisticado como aquellos varones que tú sabes, no te quejas por ello y me alegro enormemente.

Te observo, queriendo beber con mi mirada la imagen de tus ojos verdes, la forma respingona de tu nariz, la carnosidad de tus labios y, ¿por qué no?, incluso las señales que, a modo de líneas de expresión, el espacio ha dejado sobre tu faz.

No te lo pregunté, pero calculo que tendrás más de cuarenta años. En un universo equivalente acaso en estos mismos instantes seas la orgullosa madre de la chica con quien, en esa misma realidad inaccesible, me estoy casando mientras nuestro chofer nos espera para llevarnos en el ficticio Bmw al comilona conyugal.

Quizá en otro escenario transuniversal tú seas la estricta profesora y yo el diligente educando, cursando alguna arte cuya naturaleza, en este mundo y duración, ni aunque sabríamos describir.

O puede que seas un ser místico. Quizás pariste, nueve meses luego de tu primera vez, al espíritu de la soledad que me ha acompañado desde el amanecer de mi nacimiento.

¿Tiene sentido divagar y deducir?

En este universo, en este cacho robado a Cronos, en este rincón de declive y miseria, de sudor, de esfuerzos cerca de infructuosos, de arañas en el techo y mierda de cachorro en el huerto, estamos tú y yo. La que eres, el que soy, lo que somos o podríamos llegar a ser juntos.

Sirvo la bebida y te entrego uno de los vasos, no quiero nublar mi mente con el ginebra, pero mimo el extremo y me mojo los labios con el “agua de fuego”. Bebes un par de sorbos y vuelves a incorporarte, abandono mi ginebra en la mesa para atenderte e imitas mi gesto mientras nuestras miradas se entrelazan.

Nos abrazamos, acaricio tu espalda con manos torpes e inexpertas; no es la primera vez que tengo contacto carnal con una mujer, pero tu presencia, amén de tenerme impaciente, me impone un respeto casi religioso.

—¡Debería ser yo la que te pagara a ti! —exclamas sonriendo mientras aprecias la firmeza de los músculos de mis brazos y espalda, ganada muchas gracias al trabajo duro, no comprada en un local desembolsado por un padre mitológico.

Después ríes con una carcajada que, a mis oídos expertos en decodificar la hilaridad ajena, suena sincera, pero mellada por cierto dejo de amargura.

Subo mis manos a la altura de tu nuca para acariciarte por detrás del cuello, cierras los ojos, quizá sorprendida, quizá excitada. Soy incapaz de resistir la tentación y beso tus labios. Te revuelves, he escuchado decir que las mujeres que ejercen tu profesión no besan en la boca a sus clientes. Hay una película donde se menciona eso, pero no me importa si a ti no te molesta.

La caricia, tímida al principio, se vuelve más ardiente conforme correspondes y separas tus labios para lamer los míos. La chispa de atracción se intensifica, volviéndose brasa pasional. El beso, con sabor a chicle Clorets, tequila Jimador, soledad, nerviosismo y miedo, cambia su regusto para volverse adrenalínico, casi salvaje, casi incendiario.

Mi hombría presiona duramente contra tu vientre plano. La rotundidad de tus senos empuja sobre mi torso, demostrándome que tengo motivos más que sobrados para sentirme deseoso de compartir contigo la magia de este encuentro.

Con las respiraciones agitadas separamos nuestras bocas. Desabrochas mi camisa mientras hurgo por debajo de tu blusa, acariciando la suavidad de la piel de tu espalda en busca de los broches del sujetador que aprisiona tus pechos. Sonrío triunfal cuando consigo abrir los broches y me miras relajada al comprobar mi pequeño éxito.

Acomodas tu cabeza sobre mi hombro mientras desabrochas los botones de tu blusa. Después te separas de mí para, con gesto lascivo pintado en un rostro que siglos antes habría merecido ser inmortalizado en mármol, deshacerte de las prendas que cubrieran la parte superior de tu cuerpo y mostrarme una desnudez parcial que me hace suspirar profundamente.

Hubieras podido ser mi madre, mi suegra, mi profesora, pero el destino quiso que fueras mi sueño, mi encuentro con lo sublime, la debilidad que me fortalece, la fuerza que me hace vulnerable ante ti.

—¡Anda, ven, tócame! —me dices mientras acaricias tus pezones enhiestos.

Me aproximo al lúdico banquete que ofreces. Tengo miedo de ser torpe, temo resultar tosco o brusco ante tu juicio de mujer experta.

Con ambas manos sostengo tus senos; me excita y deseo que te excite a ti el contraste de tonalidades entre mi piel morena y tu piel clara. Tengo un momento de duda, casi de vergüenza, al reparar en la suavidad que caracteriza tu epidermis, acariciada por la aspereza de mis manos de trabajador. Tu gemido de aprobación disipa mis temores.

—¡No siempre me doy un gusto como este! —exclamas en un susurro mientras vuelves a juntar tu cuerpo con el mío.

Me tomas por la nuca y haces que agache la cabeza. En un primer momento pienso que llevarás mi boca directamente a la zona de tu busto, pero detienes el recorrido para estampar un beso largo sobre mi frente. No es un beso pasional y se sale de todo contexto. Es el beso de una madre, el beso de una amiga, el beso de una Milf que, si bien está dispuesta a vender un encuentro sexual a un tipo como yo, también parece necesitar ese punto de ternura, de calidez y consideración que mi naturaleza, quizá apocada o quizá demasiado vapuleada por la vida, puede brindarte.

Me orientas en dirección a tus mamas y me ofreces el seno izquierdo. Giro la cabeza para que tu pezón enhiesto recorra todo mi rostro, después lamo y mordisqueo con los labios para, finalmente, mamar con deseo tu pezón mientras te abrazo por la cintura. Jadeas en respuesta y tu gesto me hace saber que estoy actuando bien.

Sin dejar de succionar, te llevo hasta la cama. Nos separamos para permitir que te sientes y tu rostro queda a la altura de mi entrepierna. Con manos expertas desabrochas mi cinturón, el botón de mis vaqueros y descorres el cierre para despojarme de prendas, ataduras, pudores y miedos.

Con torpe efectividad me quito los tenis tallando un pie contra el otro y me libero de los pantalones como haría una serpiente que se despojara de una capa de piel inútil; estoy estrenando un bóxer, comprado especialmente para este encuentro y la prenda no puede disfrazar el grado de excitación que atenaza mi cuerpo.

Me miras a los ojos con expresión lasciva. Tiemblo cuando tomas la cinturilla de la única prenda que me queda y la bajas en un solo movimiento hasta mis rodillas.

Quedo ante ti, completamente desnudo y expuesto, mostrando lo que mi cuerpo tiene para dar a tu cuerpo, exhibiendo impúdicamente el miembro erecto que me ha exigido desde hace tiempo una cita como esta.

Mi bóxer termina de caer al piso, mis ojos se cierran involuntariamente mientras mi garganta suelta un gemido ronco y el pulso del cosmos parece detenerse, pues tus labios se posan sobre mi glande y lo besas con sincera entrega.

Acaricio tus cabellos queriendo demostrar mi agradecimiento, no para presionarte o dirigirte en un arte que dominas quizá desde antes de mi nacimiento. Abres la boca e introduces en esta casi la mitad del mástil de mi hombría. Succionas, lames, juegas con tu saliva para darme placer.

¿Cómo puede alguien denostar a quien dedica tanto esmero y pericia en un trabajo tan bien realizado? ¿Cómo puede el mundo, podrido entre guerras, traumatizado por el terror y la incertidumbre, señalar con el dedo y tratar despectivamente a quien trabaja para dar a los demás todo lo contrario a lo que quizá algún día nos lleve al Apocalipsis?

Intentas forzar la felación, quizá deseando hacerme una “garganta profunda”. Supongo que sería satisfactorio, pero mi solo placer no merece tal sacrificio; hasta ahora nadie ha podido y no quiero que te sientas obligada a intentarlo. Sin decir palabra te alejo un poco, dándote a entender que no lo deseo, luego acerco de nuevo tu cabeza a mi entrepierna para volver a alejarla y mostrarte el movimiento de entrada y salida que te pido a cambio.

Recibiendo el mensaje te mueves para hacerme la felación. Introduces la mitad del mástil en tu boca, succionas o presionas y luego la retiras hasta dejar entre tus labios solamente el glande. Vas repitiendo los movimientos mientras masajeas mis testículos con una mano. Desearía corresponder con vaivenes de pelvis, desearía follarte la boca y sé que lo resistirías, pero no quiero que te sientas forzada. Decido reservar el brío para después.

Confío en mi potencia sexual, en mi estado de salud, en el vigor de mis años, así pues, me dejo llevar por las sensaciones que brindas a mi mástil. El placer experto que sabes proporcionarme, tras décadas de duro entrenamiento, rinde sus frutos cuando, rato después de haber quedado expuesto ante ti, grito para mostrarte que has conseguido llevarme al clímax y disparo mi semilla en el interior de tu boca. Succionas con mucha fuerza, procurando acompañar mi eyaculación con un impacto de placer sabiamente calculado y evitando derramar una sola gota de mi elíxir vital.

—¡Insisto, yo debería pagarte a ti por esto! —exclamas mirándome a los ojos desde abajo mientras sostienes mi mástil erecto con una de tus manos.

Río, sintiéndome relajado, y te empujo ligeramente para ofrecerte la cama con el fin de que te tiendas. Me acuclillo a tu lado y acaricio tu vientre, entrecierro los ojos como queriendo gravar en las yemas de mis dedos el tacto de tu piel. Suspiras y llevas las manos a la cinturilla de tu pantalón para, enganchando los pulgares, deslizar la prenda hacia abajo junto con el tanga que cubre tu intimidad.

Te ayudo, queriendo no torcer el gesto en una mueca que pudiera parecerte demasiado ansiosa. Mis manos relevan a las tuyas en la tarea de terminar de desnudarte y, dejando momentáneamente tus ropas enrolladas en tus tobillos, te desabrocho las sandalias para terminar contemplándote en toda tu magnificencia.

Me tiendo a tu lado, deseando compartirte mi calor y fusionarlo con el tuyo. Nos besamos, primero con calma y, a medida que cada célula de mi ser se asegura de que no seré rechazado, con más lascivia.

Me excita poderosamente el aroma de tu piel y tu pelo. Esa mezcla entre la fragancia natural que destilan tus poros y el perfume, cuya calidad y costo ignoro, provocan en mí la transmutación necesaria para convertir a un “Ciudadano X” en un Macho Alfa.

—¡Te deseo! —gritas, y sé que eres sincera.

Beso y lamo tu cuello mientras disfruto de la esponjosidad de tus senos entre mis manos. Acaricio tus costados y tu vientre en el momento en que alterno uno y otro de tus pezones para mamarlos y enviar al núcleo de mi alma el mensaje de alegría que representa para mí tu presencia en mi lecho.

Separo tus muslos estatuarios mientras dibujo pinceladas de saliva en tu vientre cuando lamo el contorno de tu ombligo.

—¿Estás seguro? —preguntas en un susurro cuando, finalmente, poso mis labios sobre tu clítoris enhiesto.

No te respondo con palabras, pues sobran en un momento como este; poco me importa lo que hayas hecho con tu coño horas antes, quién te haya penetrado y de qué modo. Este momento, robado a un tiempo de sordidez y privaciones, es mío, es tuyo, es propiedad de nuestro acuerdo.

Flexionas las piernas, separas los muslos y me emociona pensar que soy el causante de la excitación sexual que muestran tus genitales.

Se dice que las mujeres que practican tu oficio no sienten placer cuando trabajan; tu gemido, ronco y profundo, tan sincero como nunca antes hubiera escuchado, desmiente las habladurías y corrobora magistralmente que la caricia de mi lengua sobre tu nódulo del placer te ha gustado.

Me ensalivo dos dedos para introducirlos despacio por la entrada de tu recinto amatorio, cuyo suave interior se siente húmedo, cálido y bien dispuesto.

Trato de ser suave, pues desconozco los límites de tu resistencia. Temo que la aspereza de mis dedos te lastime, por lo que añado saliva a tu lubricación para hacer que el movimiento de entrada y salida te sea lo más placentero posible.

Lo nuestro es un negocio, dar y recibir, por ello te doy placer como creo que puede gustarte, por ello recibo a cambio tus jadeos, tus gemidos y el néctar íntimo que se desliza desde tu sexo a mis labios, desde tu interior a mi espíritu.

Aprietas mi cabeza con tus muslos, arqueas la espalda y tu cuerpo se estremece involuntariamente cuando la oleada de placer te recorre entera. El elixir íntimo que escapa de tu interior moja mi cara, la mano que ha estado manipulando tu sexo y la parte de la colcha que queda inmediatamente debajo de tus nalgas. Bebo de ti, sin temores, sin remordimientos ni pudor.

Con ojos entrecerrados levanto la cara para separarme del territorio que acabo de explorar. Tu expresión extasiada parece nublarse con la sombra de un alambicado pesar. Puedo fingir que soy un Atlas y cargar con tu mundo sobre mis espaldas, pero entiendo que eso es algo que no desearías, por tu bien y por el mío.

—¡Ven, chico, cógeme! —me solicitas con melosa voz que se aleja del tono profesional con el que tus clientes quizá te identifican.

Me incorporo para acomodarme de rodillas, en medio de tus piernas, levantas la izquierda y la posas sobre mi hombro. Sitúo mi glande sobre la hendidura de tu sexo, fricciono despacio para empapar mi hombría con los líquidos que continúan saliendo de tan ansiada cavidad.

Te penetro despacio, mientras nuestras miradas se entrecruzan en la actitud, cómplice y considerada, que mostrarían las expresiones de los amantes que se reencuentran tras mil reencarnaciones vividas en soledad. Nada tenemos que explicarnos, nada tenemos que disculparnos, más bien lo tenemos todo para disfrutar.

Ladeas la cadera para dirigir el ángulo de penetración mientras parte de mi cuerpo incursiona en parte del tuyo. Me abrazo a la pierna que mantienes alzada, beso tu pantorrilla, inhalo profundamente para gritar tu nombre, sin anglicismos que lo distorsionen, en el momento en que toda mi hombría se alberga en tu región más íntima.

Nuestros cuerpos, preparados con la coreografía que fuera impuesta en la especie humana desde antes del origen, se mueven en una danza que lleva mi hombría a lo más profundo de tu feminidad. Cada penetración, cada impacto de la sangre en mis sienes, cada latido de mi corazón, cada suspiro y cada una de las electrizantes sensaciones que me recorren son acicates que me impulsan a darte placer.

Soy consciente del largo cabello que enmarca tu rostro perlado por el sudor. Soy consciente del movimiento de tus senos, que se agitan en el vaivén que marca la unión de nuestros sexos mientras acelero las penetraciones. Soy consciente de la convulsión que experimenta tu interior en el instante preciso en que llegas a un clímax que me satisface, pues he sido yo quien lo ha provocado.

He querido sentirte sin la barrera de látex que sería aconsejable. He querido vibrar en tu cuerpo, gritar y extasiarme, llevarte al acantilado del orgasmo para saltar tomado de tu mano.

Y eyaculo. Dejo verter mi simiente en lo más profundo de tu cavidad, no como el acto frío y brutal de quien me engendrara para olvidarse de mi existencia, sino como la poderosa descarga de placer, emotividad y fuerza que viene del núcleo de todas mis fantasías.

Sudoroso y jadeante por las sensaciones, más no por el esfuerzo, retiro tu tobillo de mi hombro para tenderme sobre ti, con mi virilidad enhiesta firmemente incrustada en tu vagina.

Volvemos a besarnos, deformando la caricia a causa de las sonrisas de satisfacción que se apoderan de nuestras bocas. Respiras agitadamente, dándome a saborear tu aliento para marcar en mi ser la necesidad de volver a tu cuerpo.

No hay palabras cuando logro colar mis manos bajo tu espalda. Ninguno de los dos se pronuncia cuando consigo impulsarme para que nuestros cuerpos rueden y solamente reímos en el momento en que quedas montada sobre mí.

Parte de la simiente que he dejado en tu interior se desliza por entre nuestros sexos para mojar mis testículos. Parte de mi alma se ha fundido en este encuentro.

Acaricias mi torso, palpas la dureza de mis brazos, entrecierras los ojos como queriendo memorizar el tacto, el calor de nuestros cuerpos íntimamente unidos.

Te inclinas para poner tus senos al alcance de mis manos, tus ojos destellan con brillo predatorio cuando das el primer golpe de cadera, reiniciando así las actividades copulatorias.

Entrecierro los ojos mientras acaricio tus mamas que se balancean al ritmo que adquiere tu cuerpo. Tu clítoris se fricciona contra mi zona pélvica, tu útero recibe las acometidas de mi glande mientras tú misma, empalándote, procuras dirigir el contacto sexual.

Jadeas y te estremeces en oleadas de delirio, agitas la cabeza para mostrarme cuán deseosa de seguir te encuentras.

Siento que tiemblas nuevamente y te dejo hacer, permitiendo que tomes de mí lo que tu cuerpo te exige, deseando que tus acciones sean las más certeras para llevarte al éxtasis.

Vuelves a correrte, vuelves a aprisionar mi hombría con el poder de tu ansiosa vagina, entonces aprovecho para moverme, afincando los talones sobre el colchón, y penetrarte una y otra vez, bombeando mientras gritas inmersa en la vorágine del placer.

Grito yo también, apretando tus senos mientras el clímax me recorre por entero, mientras me tenso y eyaculo, nuevamente en tu sexo, queriendo ser parte integral de las cosas que consideras importantes.

Tras unos momentos en que recuperas el aliento, retiras mi mástil de tu interior para recostarte a mi lado y ofrecer tu cuerpo a mis caricias. Finamente, te acomodas dándome la espalda.

—Se hace tarde y nadie me espera —comentas en tono relajado—. ¿Puedo quedarme a dormir?

—¡Sería un placer! —respondo emocionado mientras te abrazo por detrás.

Separas las piernas y tomas mi erección para acomodarla entre tus muslos y resguardarla ahí, entre la tibieza de tu cuerpo.

Para mí ha sido un encuentro extraordinario, no te pregunto si te ha gustado, pues temo escucharte decir que conoces a tipos muy superiores. Aspirando el aroma de tus cabellos me abandono a la inconsciencia, con el firme deseo de que mi memoria y mi alma no pierdan un solo detalle de lo que hemos vivido y recordarlo por siempre.