Estar casada hace unos años empeora el sexo sensiblemente, menos mal que siempre y en toda circunstancia existe algún hombre libre para follarme bien duro

por | 28 noviembre, 2018

Super puta Soy Alejandra, vivo en un distrito común con mucho tráfico, estruendos de máquinas, pibes jugando a la pelota en la canchita todo el tiempo, y fiestas con música al mango en casa de los vecinos desconsiderados de siempre y en toda circunstancia. Tengo treinta y uno años, tres hijos y un marido prácticamente ausente en la semana, puesto que es camionero. Afirmemos que sábado y domingo no sirve para mucho. Si bien en ocasiones me da saña que prefiera reunirse con sus amigos a pasar una tarde con sus hijos. Eso sí, cada sábado a la madrugada me coge en el nombre del deseo, la calentura y el amor que nos tenemos. Solo que, recientemente no me siento satisfecha. Ya antes, cuando comenzamos a salir, sus métodos sexuales eran más salvajes. Me encantaba que me agarre en cualquier una parte de la casa, me arranque la ropa a lo bárbaro, aun a veces que me la rompa, que me penetre agobiado arriba de la mesa, contra la heladera o bien la cocina cuando estaba prendida con el almuerzo o bien la cena en marcha, que me deje la cola roja de tantos cintazos o bien nalgadas con esas manos pesadas, que me cague a palos en cama mientras que me daba duro, y mi conchita se esforzaba en un clímax tras otro. Es cierto, el día de hoy tenemos pequeños. No estamos solos, y las obligaciones juegan su papel. Mas extraño a ese macho sacado, temperamental y rudo. Para colmo, al frente de casa hay unos tipos edificando un complejo de departamentitos, y no hay día que pase y no me afirmen brutalidades, las que no voy a negar que me calientan como a una pendeja de quince. Siempre y en todo momento los miro como el orto. No soy de obsequiarme, si bien poco a poco mi fuego sexual me plantea dudas y ratones con esos perdidos. Una vez uno de ellos me dijo: ¡uuuy mamá, no sabés de qué forma se me para en el momento en que te miro ese culo! Esa vuelta fue mi primer reacción. Lo mandé a la mierda, y lo conminé con la policía. Mas, el que pintaba unas tejas me gritó: ¡no pasa nada flaca, no te calentés… estás para partirte en 8, de ahí que mi amigo se pone como ido! No la proseguí para no producir mayores inconvenientes, mas lo fulminé con la mirada. Otra vez, el que pintaba me dijo: ¡adiós bombachita roja! Después decime dónde venden esas calcitas perra! Como una boluda salí a adquirir apurada, y no me percaté que me había puesto una calza rota en la cola. Le afirmé que era un depravado, y se rió exagerado para después murmurar: ¡si te tuviese en cama te hago ver las estrellas mamá! Una mañana cuando llevaba al más grande de mis hijos al instituto, uno de ellos me chilla desde el techo: ¡¿no querés que le haga otro hermano a tu nene?! Y a continuación su compañero agregó: ¡conmigo la lechita jamás te faltará hermosa, tengo una mamaderita que te volverá desquiciada! Yo renegaba a fin de que mi hijo se ate los cordones de las zapatillas más veloz, cuando el tercero se aúna con sus acotaciones. ¡la verdad, yo por vos aprendo a cocinar, y te como en un pansito morocha… te la doy hasta el momento en que mi mujer me entregue la cola! Los 3 se reían aprovechando mi incomodidad. Los insulté y me apuré a dejar al pequeño en la escuela. En el camino de vuelta la furia se apoderaba de mis impulsos, mas la calentura se transformaba en charquitos de flujo en mi bombacha, y no me da apuro confesar que debí detenerme en una plaza para sosegarme. Me senté en un banco y, no pude supervisar a mi mano que se hundió bajo los flexibles de mi bombacha para revisar que me ardía la concha, me latía con latidos irresponsables y que el clítoris se me endurecía de solo imaginarme rodeada de los cuerpos de esos depravados abusando del mío. Me levanté tal y como si terminara de solucionar un misterio, me adquirí unos chicles en un kiosquito y retorné a mi casa. Claro, ya antes de entrar empezaron los frecuentes piropos. ¡hola mamá, no querés un matesito de carne bebota?! ¡ ya no sé de qué forma ponerme para no mirarte ese trasero mamá! Es que tenés una carita de que querés pija que me puede! ¡seguro que tenés marido vos? Digo por el hecho de que esas tetas solicitan una buena chupada! Yo no podía meter las llaves en la cerradura d

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