La hermana en el convento se deja joder por perros, está agobiada por tener algo de placer, por tener algo de sexo

por | 29 noviembre, 2018

LA HERMANA Y SUS PERROS La hermana Lucia arrodillada en la huerta removiendo la tierra blanda y fértil. Su vestido largo y claro remangado hasta las rodillas, probablemente para no mancharlo. Esta semana estaría abocada a aquella labor en la fraternidad. El día era bello. Sus ojos verdes estaban mansos al unísono que tenían un brillo muy singular. Eran como fuego. Largando chispas. Era joven. Plena. Todavía preservaba cierta pureza. Cierta lozanía inocente. El convento estaba perdido en las montañas. Eran pocas mujeres las que habitaban en aquel sitio desde tiempos inmemoriales. Se repartían labores semanales. No era un sitio grande, mas había que vivir allá. En ese sitio distanciado de todo. Como sea la hermana Lucia remueve la tierra al sol. Los tomates están colorados. Preciosos. __¡Que bonitos se ven los tomates hermana…!!__ le comenta al paso la hermana Mabel __¡Ha visto hermana Mabel están muy, muy bellos!! __¡¡Si ya entran ganas de comérselos!!__ se rié cómplice __¡Son tan grandes y colorados!! __¡¡Y jugosos!!__ las mujeres religiosas se ríen. __la verdad es que es un día fabuloso para estar en la huerta __Tiene razón Lucia, no le podría haber tocado otro día mejor…¿Ya ha atendido a los perros? __No hermana todavía no. Ya iba a hacer eso… __No se retardé. Usted sabe que están aguardando __Sí, sí, es que era todavía muy temprano, mas ya voy a ir por ellos…así aprovechan el día… __Claro, claro…__ unos instantes después la hermana Lucia se pone de pie. Se sacude un tanto la larga túnica y se dirige lento a la cuadra donde están los perros. Son 4 enormes canes, de todas y cada una razas y colores. Los machos la intuyen y empiezan a ladrar. Se mueven inquietos. Brincan. Y ladran con gruesos vozarrones. __¡Que pasa chiquitos!!!__ les habla dulcemente la hermana. La puerta por fin se abre. Los perros brincan y corren por entre la túnica de la hermana que se tropieza y cae sobre la paja amarilla y seca que hay en el piso. Los perros jugando se abalanzan sobre ella. Que les chilla a fin de que se detengan. Ellos no lo hacen y le brincan encima. Sus lenguas ásperas y largas babosean su semblante. __¡¡Oh mis chiquillos!!__ afirma la hermana mientras que sonríe. Los animales se le suben por todas partes. Esta envuelta en su túnica prácticamente hasta la cabeza. Se escucha su risa. Los perros jadean. Ya no ladran. Fisgan. Se alternan y sus morros se aproximan a la concha húmeda de la hermana Lucia que aprieta las piernas. Mas sabe que pronto va a estar abierta para ellos completamente. Una lengua se hunde en el sexo. Ella gime. Se retuerce un tanto. Su pelo se suelta al viento. Es largo y lacio. Siente otro morro que escarba en su cuerpo mojado y tembloroso. Los canes gruñen y sus pelos se erizan alzados y calientes. Ella llega a un capuchón que apunta con su punta roja cara afuera. El animal se levanta contra ella. La túnica cae. Su cuerpo desnudo aparece. Sus pezones están duros y erectos.. su vagina estaba mojada. Corrientes eléctricas atravesaban su hermoso cuerpo. Se acaricia los pechos. Un can cobrizo obscuro cae sobre ella. La lengua le baña la cara, saca la suya y chupa la del can. Con una mano busca el capullo rosado. Está duro. Medra. Lo deja pues desea aprovecharlo bien. Se incorpora. Pone al cánido enorme de espaldas contra la paja. El animal semeja sonreír. Los otros inquietos observan y se agitan inquietos. Sube a horcajadas del animal. Con su mano ayuda a fin de que la verga salga. Se la mete ella en la vagina. La guía y después la deja sola. Cabalga al can. La pija ha crecido enormemente. La bola no alcanza a entrar ha quedado fuera. Mas ya se siente clavada y completamente caliente. De este modo otro animal le lame la espalda. Ella sin dejar la verga del cánido clavada en su vagina. Se inclina un tanto cara adelante. Entonces el can blanco la monta y con su ariete busca el orificio libre. Ella asimismo lo ayuda. El pijón se mete por completo. Ahora lo siente medrar y su ojete se estira, se dilata de una manera de no opinar. Siente como que se le va a rajar la piel en cualquier instante. El cánido b

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