Mi casero me hostigaba, solo deseaba que me arreglara ciertas cosas. Me lo folle una noche a fin de que no me molestase pero

por | 26 noviembre, 2018

Permítanme contarles una habitual historia de la ciudad de Nueva York. Yo vivo en un edificio de 6 pisos, sin elevador, por lo antiquisimo del mismo. Y como muchos neoyorkinos, tenemos un super-intendente en la construcción. Ahora, teóricamente, tener un super es una enorme cosa: si algo se averia o bien se rompe, cualquier inconveniente, solo debes ir a llamar a su puerta para lograr ayuda. Me mudé a mi edificio hace poco y velozmente aprendí que, si bien era simple conseguir ayuda, el super no era alguien a quien quisiese tener a mi alrededor. Empezó poco una vez que me mudé. Siempre y en todo momento estaba sentado afuera del edificio, mirandome a mí y a las otras mujeres que vivían allá. Cuando subia las escaleras, pude verlo por debajo, estirando el cuello para mirar bajo mi falda, que, como codigos de indumentaria, debo utilizar en la oficina. Se puso peor cuando las cosas empezaron a fallar en mi piso. Él entraba y se retardaba, tocando cosas que no debería (como mi caja de tampones) y siempre y en todo momento haciendo preguntas inadecuadas. Cuando estaba arreglando mi lavatorio, abrió un cajón en el baño para descubrir un juguete que había limpiado y que había olvidado guardar en el dormitorio, de esos que empleo para masturbarme. Me la mostro burlonamente y se echó a reír, entonces preguntó de forma casual que de qué forma lo había sentido. Mortificada, se lo arrancé de sus manos y lo devolví al dormitorio, sin atender a sus inpertinencias. Desgraciadamente, las cosas en mi departamento no dejaban de estropearse, y el super no dejó de mirarme cuando salia del piso. Por último, llegué a mi punto de rotura. Llegué a casa un día para hallar un aviso de mantenimiento en mi puerta, “algo con el fregadero de la cocina” estaba mal, y el se había dejado entrar arbitrariamente, mientras que estaba en el trabajo. Colérica, entre a repasar. Él sujeto era descuidado con su trabajo, además de que incluso seguia fisgando en mis cosas. El cajón de la cómoda aún estaba medio abierto, las braguitas y los juguetes meridianamente habían sido revisados. Eché una ojeada a mi cesto de ropa asimismo, y hallé que la mayor parte de las braguitas sucias habían desaparecido. Sentia ganas de plañir, precisaba salir de allá. Desgraciadamente, tenia un contrato de alquiler por 6 meses, apenas había logrado mi empleo, no conocia a,nadie en la ciudad… no tenía muchas opciónes. Así que, resople un tanto, llamé a un compañero del trabajo que me había sugerido salir, y me dirigí a un bar próximo, con la esperanza de que quizá encontrara alguna solución y jamás pero tener que regresar. … 4 horas después, me hallé tropezando para llegar a casa. Me sentia enojada, había estado tomando de forma rápida y con abandono. Todo cuanto pude meditar entonces era que precisaba mear y regresar a mi cama. En mi prisa, no obstante, tropecé justo sobre la acera a 2 cuadras de mi piso. Cai volando, y asimismo mi bolso. Velozmente me apuré a recoger mis posesiones y reanude el camino a casa. Llegue a la puerta del edificio y a prácticamente a tientas iba subiendo mi camino hasta el 4o piso. Me detuve fuera 4A y busque las llaves en mi bolso. Nada. Revise nuevamente, más agitadamente. Mi teléfono estaba allá. Mi cartera asimismo. Y el iPod. Todo parecía estar allá salvo lo que más precisaba en ese instante. Me quedé allá, a sabiendas de que solo había un camino, y eso significaba tocar el timbre en el piso 1, el del super. Anduve esmeradamente por las escaleras, horrorizada de que pudiese caer y finalizar allá mismo. Una vez en el fondo, me detuve nuevamente, entonces levante una mano temblorosa y golpee un par de veces en la puerta. No debí aguardar mucho, era tal y como si hubiese estado aguardando al lado de la puerta. De forma rápida -y ebria- le expliqué que había perdido mis llaves y que debia dejarme entrar. Me afirmó que debería preguntar con el dueño o bien algo similar y que eso serían ciertos minutos. En ese instante, mi vejiga se interpuso impaciente. -¿Unos minutos? Am… -prácticamente me arrastraba. -¿Podría cuando menos utiliza

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