Mi encuentro con la Zoofilia

By | 18 junio, 2016

Mi primer acercamiento con la zoofilia fue a los 13 años en el tiempo que vi unos perros apareándose en la callejón. Ya sabía lo que es el sexualidad pero quedé impresionada del salvajismo que le ponían los animales.

En ese duración teníamos un perro rottweiler (lo pueden ver en mi corredor de fotos) de nombre Bari el cual hoy estaba entrando a una edad sexualmente madura. En una ocasión se montó a mi pernil tal queriendo aparearse. Recuerdo que traia unos shorts de la escuela y sentí la punta húmeda de su glande, me agaché a inspeccionárla pero él lo interpretó como que quería cohabitar, me derribó y caí en 4 patas, de inmediato Bari me montó por posterior y comenzó a moverse. No hubo penetración porque yo estaba vestida, pero todo lo que sentí fue inverosímil. El peso de su cuerpo sobre el mío, su morro jadeando en mi cogote, sus poderosos empujones a mi trasero, la punta de su glande golpeando por entrar en mi. Estuve en esa posición unos segundos y recuperé la prudencia, me levanté de inmediato, regañé al tuso y me fui con todas esas emociones golpeando mi subconsciente y diciéndome “Te gustó, no lo niegues”.

Después de eso no volví a ver a Bari de la misma manera. para mi se había convertido en un objeto de averiguación. En las noches me acordaba de esas sensaciones, quería repetirlo. Incluso me ponía en 4 patas sobre mi yacija recordando lo que sentí, hasta que no pude más y le hablé a Bari una tinieblas en el tiempo que todos dormían. El perrito se acercó curioso y somnoliento, lo acaricié y me puse en 4 patas. Para mi conmoción el chucho se echó sobre la esterilla para dormir y yo me quedé frustrada, enojada y ofendida.

Al fecha siguiente posteriormente de la escuela me llevé la consternación que mi mamá llevó a mi hermanito a un exposición. Me quedé sola y Bari estaba deseando montar cosas de nuevo. Me di cuenta porque se le montó al gato que salió corriendo. Ni siquiera recordé que estaba ofendida, me quité el uniforme y me puse el mismo short con una playera. Corrí a la sala y llamé al chucho. Ni siquiera tuve que suplicarle, en cuanto me vio en posición se me montó y todas esas sensaciones regresaron. Estaba extasiada con solo sentir sus movimientos y esta vez lo estaba disfrutando mucho. Cuando se bajó de mi trasero, corrí por un espejo para poder ver la acción. El único lo bastante grande que encontré estaba en el cuarto de mis papás y era mucho pesado para mi. Bari estaba a mi lado queriendo rehacer. Acomodé el espejo y de nuevo lo dejé montarme. Nunca anteriormente había visto nulidad tan erótico. Estaba muy excitada con lo que veía y sentía. Cuando el chucho se bajó me tiré en el piso y me frotaba con fuerza la entrepierna hasta que alcancé un fuerte orgasmo. Creo que inclusive vi fuegos artificiales y por poco me desmayo. Bari me lamía la cara tanto acongojado, pero yo solo le sonreía.

Así comencé a dejarlo que me montara por las noches. Ni siquiera tenía que llamarlo, él ahora estaba parado frente a mi abertura listo. Le pedí a mis papás que me compraran un espejo de cuerpo completo a modo el de mi mamá y accedieron! Entonces comencé a ser más atrevida, por ejemplo me quitaba la zapatilla para sentir su pelambre luego fue mi bra, luego decidí quitarme los zapatos, luego el short para sentir mejor la punta de su pene pero hasta aquí. Por supuesto que pensé en dejarlo metérmela, pero me daba mucho miedo. Para entonces yo actualmente tenía mi periodo y temía quedar encinta

Pasó el edad y tanto Bari tanto yo empezamos a perder el interés, para entonces yo tenía catorce años, igualmente yo empecé a interesarme en los chicos y tuve mi primer prometido. La relación fue bastante inmadura, el uno y el otro éramos inexpertos, y rompimos. Estaba excesivo triste y quien me consoló fue un primo cuatro años mayor de nombre Daniel. Yo lo veía a modo modelo, guapo, alto, fuerte. Comenzamos una relación oculta para la estirpe, yo hoy me estaba acostumbrando a guardar secretos. Cuando cumplí 15 años él fue el primero con quien tuve relaciones sexuales varias veces, hasta aprendí a dar y aceptar sexo verbal. Para entonces Bari regresó a ser tan solo la mascota de la casa. Ya no lo llamaba por las noches y él dejó de frotar la entrada de mi recamara. Tiempo ulteriormente Daniel se interesó en otra chica de su edad y terminó conmigo. De nuevo estuve triste y como tuve un pretendiente mayor por un corto más de un año hoy no me interesaban los chicos inmaduros de mi escuela. Lo peor era que tenía muchas ganas de sexualidad y no tenía con quién hacerlo. Sabía que si me metía con uno de mi escuela, para el jornada consecuente inclusive mis papás se iban a enterar. No tenía juguetes sexuales ni nada que me quitara las ganas

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