Mi vecina, sexo con jovencito

By | 8 julio, 2016

Esta historia me ocurrió hace hoy seis años cuando estaba en la Universidad. Por aquel entonces yo compartía firme con ajeno chico que era terna o cuatro años mayor que yo. El trabajaba en la ciudad y cada fin de semana iba a su pueblo para visitar a su novia, así que yo me quedaba solo desde el viernes tarde inclusive el vacación por la crepúsculo.

Mi atracción por las mujeres maduras me viene desde demasiado pequeño, pero nunca había tenido oportunidad de acercamiento a ninguna, sobre todo por vergüenza o miedo a un tremendo escándalo. A modo actualmente he dicho, vivíamos en un empedrado ceder, anticuado y nuestros vecinos eran poco más o menos todos bastante mayores. Creo que nos veían tal a sus nietos y nos tomaron proporcionado cariño. Aun eran sobrado condescendientes con las fiestas que yo organizaba cierto sábados en la casa. Nosotros, por nuestra parte, les ayudábamos en todo lo que podíamos.

Al lado de nuestro apartamento vivía Cubierta con su marido que era bastante mayor que ella. Carey tendría unos 58 años y su marido debía pasar de los sesenta y cinco porque estaba jubilado y parecía un cierto chocho. Protección, escaso confiscación, conservaba mucha vitalidad y era una mujer bastante alegre, eternamente sonreía en el momento que hablábamos. También también conservaba un físico indeterminadamente atractivo: culo respingón, buenas caderas, mucho buenos pechos y se adivinaba que había sido bastante guapa de joven. Sinceramente, yo le eché el ojo la primera vez que la vi, especialmente porque en el momento que estaba en casa siempre vestía una bata que dejaba ver parte de sus muslos y su escote.

Concha estaba encargada de llevar los asuntos de la comunidad de vecinos, así que venía con asistencia a nuestro estudio para avisar de esto o aquello. Pero, lo que me puso en guardia fue observar que solía venir cuando mi compañero de firme no estaba, es decir, en cuadro de trabajo o mientras el fin de semana. Yo empecé a mirarla con ojos viciosos y a reír mirando a su escote, pero invariablemente de una forma demasiado delicada. Ella parecía que entraba en el juego porque respondía a mis miradas con otras bastante parecidas y cada vez encontraba una disculpa más estúpida para llamar a mi casa. Carente bloqueo, yo no me atrevía a dar el paso.

Un data que volvía de la Universidad me vió mientras conducía y me invitó a alzar al vagón. Yo acepté encantado. En el tiempo que subí al coche me percaté de que su falda estaba anormalmente subida y se podían ver poco más o menos la integridad de sus piernas, un disminuido rellenitas, pero mucho, mucho ricas. Íbamos hablando, pero mis ojos caían una y otra vez sobre sus muslos apetitosos. Ella se daba cuenta y acullá de enfadarse, sonreía de forma pícara. También cada vez que cambiaba de marcha separaba un corto más las piernas a modo si deseara que le metieran mano. Yo estaba a ciento, mi chica se salía del sitio pero no se notaba porque estaba sentado. Al salir de vagón intenté acomodar mi chica empalmada, pero fue imposible, la erección era tan grande que no podía hacer nada. En el momento que llegamos al portal ella iba delante y al probar abrir la portón, carente intención, choqué contra su culo. Ella notó perfectamente la dureza de mi aparato y sonriendo dijo:

-Uy, uy, uy, pero chico!. ¿Así te has puesto por mirarme las piernas?

-No, no… bueno…, lo siento Coraza –respondí- , es que…, no sé. Esto es…
-Chico!, pero si yo hoy estoy mayor!, bah!. Y no pasa carencia hombre, tranquilo.

Siempre es afectuoso sentir que aún…, actualmente conoces, con lo vieja que soy…
Ante su contestación yo me sinceré al instante:

-No Coraza, tú estás bastante bien. De hecho me pareces una mujer bastante atractiva.

Tu marido tiene mucha suerte.

-Uy!, desamparado!, ese ya no tiene fuerzas para ausencia, el bajo!. Tú sin duda que estás

bien!. Pero bueno, inclusive mañana.

Entré en casa como un destello y fui directo a mi habitación donde me hice una paja memorable pensando en Concha. Bufff, alusión que el chorro de semen fue tremendo.

Pasaron unos días y llegó el sábado. Era el mes de octubre y estaban empezando a conexionar la calefacción. Yo estaba haciendo la comida y me di cuenta que no tenía sal, así que pensé en ir a pedirle a Protección, no sin la colosal perspectiva de… Toqué a su cancela y abrió Concha. Me invitó a pasar y me dijo que su marido había ido al pueblo y que estaría externamente todo el amanecer. Llevaba puesta la bata de costumbre, sobrado desabrochada, lo que dejaba intuir el rico escote y sus muslos rellenitos. Fue a la cocina y trajo sal, pero noté que se había desabrochado un par de chico más que dejaban al descubierto sus piernas al errar. Me quedé cautivado y ella lo volvió a notar y me sonrió, carente decomiso yo no tuve la entereza de alargar la mano y sobar ese culo agradable. Vamos que volví a mi casa súper empalmado, tanto que me la tuve que cascar.

Por la tarde fue ella quien tocó a mi salida. Me dijo que tenía que purgar los radiadores de la calefacción para que funcionaran bien y me preguntó que si necesitaba caridad. Aquí vi el momento!!!, le colgante que sí con una sonrisa encantadora y entró en casa. Llevaba la bata de precedentemente, bien abierta, aún más que antiguamente, con lo que parte de sus pechos estaban a la vista. Ella se agachaba a purgar los radiadores y me dejaba ver sus tetas y sus muslos, aproximadamente hasta el coño. Me empalmé como un caballo. Yo pensé que ya estaba bien, así que mientras ella hablaba, en cuclillas, le puse la mano en el interior del muslo. Mmmmm, divinidad!, que emoción!, mi pene era una barra de hierro!!.

Concha se sobresaltó y quedó en silencio, mirándome. Yo mantenía la mano allí, sobando el jamón. La otra mano fue a las tetas. Ella entonces intentó escapar de mis manos, yo veia sexo por todas partes.

-Oye, oye, ¿no te parece que te estás pasando?. Esto no está bien!

-Concha –dije- déjame, por favor. Me excitas muchísimo y tú te desabrochas los botones, así que también quieres esto –dije señalando el bulto que tenía entre las piernas.

-No, no, no te equivoques!

-Ven –dije-

La agarré de las nalgas y le apreté mi polla contra su coño. Ella entonces pareció estar de acuerdo porque soltó un gemido y me agarró el culo. Entonces le metí la lengua en la boca y le di un morreo de la ostia mientras le sobaba el coño. Ella gemía:

-Ay!, aaaaaay!, siii, siiiiiii, cuanto tiempo sin sentir una polla dura!, aaahhh

La llevé a mi cuarto y le quité la bata mientras la sobaba todo el cuerpo y la besaba. Estaba buenísima y tenía el coño totalmente mojado, así que sin pensarlo le quité las bragas, me bajé el pantalón y de una embestida la penetré como un toro. Ella se corrió a la primera dando gritos de placer, gritaba bastante. Se notaba que llevaba años sin follar. Entonces seguí bombeando como un loco, me gustaba muchísimo, me excitaba mogollón ver a esa señora gritando de placer. Tuvo otro orgasmo muy rápido. Estaba fuera de sí. Entonces la puse a cuatro patas y la penetré desde atrás. Ella decía que así no, pero en cuanto notó mi polla, se apretaba como una puta. Gritaba muchísimo. Se lo estaba pasando pipa. Movía la cabeza descontrolada en pleno éxtasis.

Yo ya no podía más, llevábamos más de diez minutos follando como posesos así que cambiamos de nuevo y seguí fallándomela yo encima. Ella cerraba los ojos, estaba en la gloria. Yo dale y dale, echándole un polvo de primera. Volvió a correrse, me apretaba el culo con sus manos y movía su culo al compás de mis empellones. Yo estaba como un loco, le daba unos empujones fortísimos hasta que me corrí. Fue una corrida impresionante, no paraba de salir. El placer era indescriptible. Seguíamos dale que te pego. Bufff, que polvazo!

Entonces ella volvió en sus cabales y empezó a decir que estábamos locos y tal y cual, así que se vistió y se fue rápidamente. Os aseguro que me quedé tumbado como muerto y cuando empecé a recordar lo que acababa de pasar me tuve que hacer una paja porque la polla se puso como una vara. En días posteriores nos hablábamos menos, hasta que un día charlamos abiertamente de ello. Ella quería repetir, reconoció que había estado provocándome, así que estuve follándome a mi vecina de cincuenta y nueve años durante un curso entero, je je. Fue buenísimo.

Deja un comentario