Sexo con mi hermana

By | 9 noviembre, 2015

Sucedió una tarde calurosa, venía del colegio y vertiginosamente fui a mi cuarto a desnudarme para bañarme, estaba mi hermana Ariadna dormida en su hamaca, mientras yo me desvestí y puse mi uniforme en mi litera para ir a la ducha, al pasar al lado de mi madre, dormida a su deseo, algo me hizo detenerme para contemplarla con mas detalle, ella estaba desnuda aun, a modo les he dicho, en mi pueblo hace un calor infernal a toda hora del data y todos los días del año, así que es colectivo caminar en casa en paños menores, así tanto dormir desnudos; Por supuesto, ahora yo había visto a mis hermanas desnudas primitivamente, así que conocía bien sus cuerpos, carente decomiso, tal vez por la forma tal estaba ella en ese momento – boca arriba, brazos levantados, piernas abiertas, flexionadas en las rodillas en rincón recto – pude ver como se destacaba aquello que ahora ustedes saben: su cuca, o sea, su vulva.

Nunca se la había visto con detalle, y ahora me doy cuenta y reflexiono viendo con atención aquel templo bienaventurado, con su brote grueso y altivo, sus labios jugosos y bastante carnosos, su pelambre debidamente recortada, de color castaño claro, mas claro que los míos y sobre todo, lo que mas me llamó la atención era el hecho de que se mantenía entreabierta, con una separación como de dos centímetros, y , asimismo, muy lustroso por su cantidad de flujos, en eso sí se parecía a mí.

Aunque actualmente les he hablado de ella, es bueno recordarles a modo es Ariadna, para que tengan una idea mas precisa, de diecisiete años, hasta hace corto era una modelo chico inclusive que mamá la sacó de esa actividad, mas inscripción que yo (ella mide 1,70 mts. Mientras yo sólo mido 1,58 mts.) sus medidas son 79, 51, 85, mas o menos corriente para una chica de su edad, rubia, como yo, pero de piel mas albúmina, exento manchas ni defectos de ningún modelo, por supuesto, muy popular entre los chicos del liceo, yo ni me le acerco en belleza.

Y ya le veo esto: Una “almeja” aún superior que la de nuestra madre mayor, Alexandra, mucho mas desarrollada que la de ella, y por supuesto, que la mía, que apenas es una raja demasiado cerradita, mientras que mi clítoris sólo se nota en el momento que abro los labios y me excito mucho, la de Ariadna tiene su entrada abierta, como dando la acogida a cualquier intruso. Me le acerco más para detallarla mejor, noto que bajo ella, puso una toalla, en medio de su cuerpo y las sábanas de la yacija, invariablemente la vi haciendo eso y ya me doy cuenta de causa: Para proteger la piltra de sus abundantes jugos, ¿Por qué mi cuca no es tal la de ella? Por la edad no es por que hoy colgante que la de Alexandra, que tiene veinticuatro años, es mas cerradita, yo me he dado con todo y nunca es así, en el tiempo que Choclo, mi can, me “castigaba” mi coraza se abría y permanecía abierta un espacio, pero luego se volvía a cerrar ¿Cómo es posible esto? ¿Será que Ariadna está siendo “castigada” con mas ira de lo que lo he sido yo?

Ver aquella raja abierta, y tan hermosa, me pone mas intrigada, no aguanto la curiosidad y procedo a intentar tocarla, con mi anular índice derecho le toco su capullito un delegado, retirándolo prontamente, temo despertarla pero no pasa nada, luego lo intento una vez mas, con mucho cuidado, haciendo lo mismo, con mas confianza, de una vez residuo mi anular en su clítoris, húmedo y durito, toco sus labios, mas mojados aún, pendiente de su facciones, no vaya a ser que se despierte, sigo tocando aquella cuca jugosa, húmeda, tibiecita, ver su entrada entreabierta es un estimulo demasiado grande, así que procedo con lo mas lógico: con mucho cuidado le inserto mi anular índice, apenas si rozo sus paredes internas, roto mi anular en su interior y de repentinamente, un profundo lamento de Ariadna me paraliza ¿Cómo reacciono si se despierta repentinamente y me ve en eso? Sin retención, no saco mi anular, por el contrario con más imprudencia, me atrevo a meter mi índice medio, actualmente evidentemente puedo percibir con mayor precisión el interior de aquella bodega oscura, mucho mojada y calentita.

Debo aclarar, aunque ustedes no me crean, que en ese momento no había en mí ningún pensamiento genital o lascivo, no mis amigos, aquello no era mas que el impulso y la intriga de ver aquella vulva tan extraordinaria, de ver por primera vez una cubierta que no era la mía y examinarla con detalle, tanto nunca había hecho ni siquiera con mi propia cucharón, había aun un sentimiento a modo de desconcierto, de saber que era mi hermanita la cacique de aquel tesoro, mas confiada, mas osada, sigo explorando, meto diferente dedo y observo cosas curiosas: Aquel clítoris hoy demasiado grande, se levanta orgulloso, puedo notarlo, al tiempo que percibo tanto se escapa la savia de la cuca de mi madre, cayendo en la toalla de la catre, roto mis terna gordo en aquella concavidad extensa y empapada y entonces decido meter mi corazón meñique, cuatro corazón en aquella matriz y mi osadía no para: Comienzo a presionarlos hacia dentro, la cuca se ensancha cómoda y se adapta a mi mano, cuatro anular explorando y mi pulgar chocando con su simiente cada vez que llego inclusive el fondo, concentrada en aquella tarea, desvío mi mirada hacia el imagen de Ariadna, lento mas asombrada aún: Su cara contraída , frunciendo el entrecejo, ojos cerrados, húmedo todo su cuerpo de sudor, hálito profunda, manos apretando los extremos de su cabecera, tengo que ver eso para darme cuenta qué era lo yo estaba haciendo: Estaba masturbando a mi madre, follándola con mi mano.

Estaba a modo ensimismada, tanto autómata, no reacciono a mis pensamientos y sigo haciendo lo mío, acelero el proceso, saco y meto mis dedos,
los saco y los meto, los saco y los meto, toda mi mano y mi muñeca bañadas en el
jugo de Ariadna, roto mi mano en su interior y hago una pausa de aquel castigo,
con mis dedos aún adentro roto mi mano quedando mi palma hacia arriba, con mis
dedos apretados formando una canal y la palma de mi mano ahuecada, se forma un
camino natural para que aquellas aguas abundantes desemboquen en mi palma en
forma de cuenco, un pequeño lago se forma y se me ocurre algo: ¡me voy a tomar
ese jugo!

Sin sacar mis dedos de la fuente, acerco mi rostro a mi mano
y lo hago: Bebo el jugo de mi hermana, aquel líquido abundante, sé que no me
creerán pero era como… ¡dulce!

Su sabor era como agua azucarada, muy diferente por cierto, a
los míos y a los de Choclo, que eran de sabor mas fuerte, los míos por cierto
tienen algo como ligeramente picante (ésta curiosidad me llamó tanto la atención
que estuve preguntando e investigando por la Web y parece ser que la dieta, es
decir, lo que uno come, determina un poco el sabor de nuestros jugos íntimos y
también del semen de los muchachos), mientras bebía de mi hermana me puse a
pensar: ¿Cómo reaccionaría mi tío o Alexandra si me pillaran ahorita, con mi
cabeza entre las piernas de Ariadna?

La verdad era un líquido sabroso, fresco, agradable, percibo
como que alguien me mira y me asusto, volteo y veo a mi perro, mi fiel Choclo,
mirándome desconcertado, se acerca a mí y temo que despierte a Ariadna, así que
le hago una seña para que se quede tranquilo pero se me lanza y empieza como a
querer jugar, tengo que interrumpir para detenerlo y no puedo mas que sacar mi
mano de la vagina de Ariadna para detenerlo, lo empujo en su hocico con mi mano
empapada en jugos, enseguida se da a la tarea de lamer con glotonería mi mano,
beber los restos de savia de Ariadna que me quedaba en la palma, así que, luego
de pensarlo un minuto decido, contra toda prudencia, llevar a cabo la travesura
mayor.

Con mucho cuidado y esfuerzo, por el ímpetu de Choclo, lo
acerco a la Cuca de Ariadna, tratando de que no empuje con su hocico o la lama
tan duro, para que no se despierte, pero es inútil, es muy fuerte para mí y la
tentación para él es demasiada, así que lo dejo a su cuenta y corro hacia la
entrada del cuarto, sin embargo, sorprendida, veo que Ariadna no se despierta, a
pesar de los lametones violentos del perro, tan fuertes, que empujan su cuerpo
hacia arriba, cuando hurga con su hocico aquella vagina inundada, yo sé que ella
es de sueño bien pesado, pero nunca pensé que fuera tan pesado, me quedo
un rato viendo aquella escena, obviamente agradable para todos: para Ariadna,
cuya cara contraída y emisión de jugos me decían que estaba en el séptimo cielo,
para Choclo, glotón amante del dulce que estaba probando un manjar directo de la
fuente, y para mí, complacida de ver como mi hermana disfrutaba de un placer que
sólo lo reservaba para mí, dando placer además a mi querido amante canino; me
asusto un poco cuando, entre dientes, casi susurrando, con los ojos cerrados la
oigo gemir: “Si…si…si…rico…si…”

Observo la escena un rato más, noto como las caderas de
Ariadna se levantan hacia arriba, al ritmo de las profundas lamidas de Choclo en
lo más profundo de su cuca, asombrada veo como sus pezones se han hinchado
desproporcionadamente, en relación con el tamaño de sus pequeñas tetas, parecían
pezones de senos mucho mas grandes, tenía también una coloración mas oscura que
lo normal, sus caderas aceleran el ritmo, veo su cuerpo brilloso por el sudor y
caigo en cuenta, en ese momento, al ver semejante escena, lo hermosa que es
realmente Ariadna, y lo complacida y orgullosa que me encontraba yo de ella.
Dejo aquellos amantes a su cuenta y salgo hacia el baño a darme una merecida
ducha.

En la ducha, pensando en otras cosas, casi había olvidado lo
que estaba pasando en la habitación, cuando, casi al terminar, como veinte
minutos después, oigo los gritos de Ariadna.

“¡Ay, vete, vete, cochino, asqueroso, perro sucio, como te
atreves, vete coño, maldito, veteeeee!”

Sonreí un poco y al salir del baño veo a Choclo saliendo
despavorido del cuarto, me cruzo a Ariadna en el camino y le pregunto “¿Qué
pasó?” , “¡nada, nada!”, me contesta con caras de pocos amigos, al tiempo que
entra desnuda y descalza al baño, dando un fuerte portazo.

En la noche, en la cena, se me ocurre, porque no aguantaba la
intriga, preguntarle: “Oye Ari, ¿Qué tal dormiste hoy en la tarde? ¿Dormiste
bien? Digo, es que había ruido y mucho calor”, sin subir la mirada del plato,
pero con el rostro agradable me contesta: “No, bien, bien, chévere, sin
problemas”, sonreí para mis adentros pensando “¡pícara, gozona!”, lo cierto es
que no seguí insistiendo en el asunto y lo dejé así, satisfecha de saber, y en
cierta forma de compartir un secreto sumamente caliente con mi hermana, sin que
ella misma lo supiera. Sé lo que ustedes están pensando, seguro me dirán: “Pero
Susana, ¿no ves que Ariadna te estaba engañando? Ella simplemente se estaba
haciendo la dormida”, mi respuesta es: No sé, tal vez, siempre hay esa
posibilidad, yo que estuve ahí les puedo decir que hay ser muy fuerte para
hacerse la dormida ante esos estímulos sin que yo me diera cuenta con seguridad,
si fuese así, ¿porqué duró tanto tiempo con Choclo, para después correrlo y
formar un escándalo? Como sea, es mejor dejarlo así, saber y tener la
satisfacción que mi hermana puede llegar a ser una gran perra, como yo…o que tal
vez ya lo sea.

Deja un comentario